Una flor sonriente, adornos de chocolate, un llavero con escamas, aromas ardientes, luminarias de caminos, una memoria portátil, calcetines de vacas, un hada con varita maulladora, un cofre guardián de secretos, una princesa de Eboli enrejada, un libro feliz y una copa de conchas... Regalos materiales que un generoso Papa Noel dejó sobre mi lecho esta madrugada.

Los más valiosos, los que tanto valen que no tienen precio ni forma definida, los recuerdos, las sonrisas, los anhelos, las miradas, los momentos, las ideas y los sueños, son tan únicos como propios. Son nuestros: de Santa y míos.

¿Y a vosotros? ¿Qué os ha traído el simpático vejete? ¿Qué os ha entregado en esta noche mágica el abuelo de las nieves?