Sola, como un cometa errante que no sabe por qué gira.
Sola, como la nube de tormenta veraniega.
Sola, como la flor cortada entre los dedos, quebradiza y moribunda.
Sola, como un santo en el infierno...

Sola, como la lágrima ignorada, saltando desde el mentón para caer en ninguna parte.
Sola, como la uva podrida del sabroso racimo.
Sola, como la niña aferrada a la fría verja que contempla cómo las demás están del otro lado.
Sola, como la bala del suicida...

Sola, como la sucia cucharilla que descansa, quieta y triste, contra la pared de la taza vacía.
Sola, como el anciano que visita el cementerio.
Sola, como una tarta de cumpleaños que espera en la nevera a que un niño la desee y la pruebe.
Sola, como el espejo sin reflejo...

Sola, como ese par de zapatos viejos, relegados en el altillo al que nunca nadie se asoma.
Sola, como la casa sin gentes que le den vida.
Sola, como el enfermo a quien únicamente visita el médico.
Sola, como un mar sin navegantes que lo dibujen...

Sola, como la garganta que enmudece entre la aclamación de las masas.
Sola, como el sueño del poeta.
Sola, como la última mañana del condenado a muerte.
Sola, como el primer trago de un borracho maloliente...

Sola, como la idea recién nacida en una acabada mente.
Sola, como el baile de un loco desquiciado.
Sola, como la lluvia en el desierto que sigue seco.
Sola, como el árbol del ahorcado...

Sola, como la carcajada de un difunto.
Sola, como el vuelo de un gorrión que sale huyendo.
Sola, como el maletín del vetusto profesor.
Sola, como la mano que escribe espacios en blanco...

Sola, como el suspiro de un amor imposible que crece en silencio.
Sola, como la cama del amante abandonado.
Sola, como el paseante bastón del ciego.
Sola, como la nana tarareada por los amargos labios de la maternidad perdida...