Hoy, 25 de noviembre, cuando se celebra la jornada contra el maltrato a la mujer, siendo como fui hace años una víctima más, no puedo dejar de pasar por alto el mostraros la realidad, con cifras y números, de lo que sufren miles de personas en este moderno, cívico, talentoso y europeo país nuestro.
Para ello, echo manos de datos, estadísticas e informaciones varios publicados en diversos medios de comunicación, pero sobre todo, del periódico El Mundo y, más concretamente, de su especial sobre este tema en cuestión.
Entre 1999 y 2003, 246 mujeres murieron a manos de sus maridos, parejas o ex compañeros, según el Instituto de la Mujer. La cifra de víctimas asciende a 315, si seguimos el recuento de la Red Estatal de Organizaciones Feministas contra la Violencia de Género, basado en las noticias aparecidas en la prensa.
Ni el sistema judicial ni las Fuerzas de Seguridad supieron o pudieron protegerlas.
En los seis primeros meses de 2004 se contabilizaron 21.865 denuncias por delitos de lesiones y malos tratos en el ámbito familiar, una cifra espectacular si la comparamos con las 8.605 del mismo semestre de 2003. Además, las detenciones efectuadas por las Fuerzas de Seguridad por este tipo de delitos pasaron de 2.731 a 11.411 en esos mismos periodos. La cantidad de solicitudes de órdenes de protección también hizo saltar las alarmas: desde el 1 de agosto de 2003, fecha en la que se aprobó la orden de protección inmediata contra la violencia doméstica, los jueces han recibido 7.869 solicitudes (de las que acordaron 6.004) y han dictado 4.987 órdenes de alejamiento.
En el año 2004, 72 mujeres fueron asesinadas, lo que puso en pie de guerra a las asociaciones que luchan contra la violencia de género, quienes exigen medidas inmediatas y efectivas, que garanticen la seguridad de las mujeres.
La mayoría de estas mujeres se aisla socialmente para no enfadar a sus parejas, que suelen ser muy celosas. Se sienten fracasadas como mujeres, como amantes y como madres, y piensan que nadie puede ayudarlas. También necesitan el cariño y el apoyo de terceras personas porque les cuesta tolerar la soledad.
A pesar del infierno que viven, cualquier detalle se convierte en un bálsamo de esperanza al que agarrarse. Quieren que la relación funcione y se aferran con fuerza a cualquier cosa que pueda parecerse a un signo de cambio por parte de él.
La educación, los valores y los estereotipos aprendidos socialmente tienen mucha influencia en la personalidad de estas mujeres: muchas ven con normalidad las relaciones asimétricas con el otro sexo; en muchos casos, incluso han presenciado episodios de violencia en sus familias.
A pesar del pánico que las invade, algunas consiguen romper con todo y empezar una nueva vida. No es fácil, pero tampoco imposible.
La violencia doméstica es un problema generalizado, que afecta a una de cada cinco europeas. Los expertos calculan que sólo se denuncia un 10% de estas agresiones.
Aunque las víctimas del terrorismo doméstico son mayoritariamente mujeres, los niños y los mayores, por su vulnerabilidad, son objeto también de agresiones. En cuanto a los hombres, sólo el 5% de las muertes masculinas se debe al ataque de sus parejas y del índice total de violencia doméstica, los maltratados representan también un 5%.
LOS AGRESORES
La mujer es un objeto que le pertenece y cuando no acata sumisamente su voluntad, cuando se le ocurre "rebelarse", se siente humillado y recurre a la violencia. Ésta es la clave de la conducta del maltratador. Un hombre celoso, posesivo y controlador, que actúa como si tuviese una especie de derecho natural para degradar a su pareja.
La mayoría de estos hombres tiende a minimizar los efectos de su conducta. Suelen recurrir a la mentira y no se reconocen como maltratadores. Los golpes que propinan a la mujer se transforman en una simple «pelea» cuando quien lo cuenta es el agresor. Los insultos y gritos, en comunes «problemas de pareja». Tampoco son conscientes del daño que hacen. Simplemente ponen a sus mujeres «en el lugar que les corresponde»: siempre por debajo de ellos.
El complejo de inferioridad y la poca autoestima que suelen tener convierten cualquier "desaire" -así ven cualquier opinión o conducta que no se ajuste a su punto de vista- en una ofensa a su virilidad. Un sentimiento de humillación que quieren eludir a toda costa. Para ello, optan por el extremo contrario y buscan en las palizas y en las vejaciones a sus mujeres un poder que se les niega en la calle. Por eso no se resignan a perderlas: las necesitan vitalmente para desahogarse y encuentran la excusa perfecta cuando a ellas se les ocurre llevarles la contraria.
Socialmente no hay un prototipo de maltratador; puede ser de clase alta o baja, con estudios o sin ellos, joven o viejo. Su conducta no tiene por qué estar ligada al consumo de alcohol o drogas -en el 80% de los casos no lo está- y tampoco a desviaciones psíquicas. En contra de lo que pueda parecer, la mayor parte de los agresores no son enfermos mentales.
En ocasiones los hombres con mayor status social y cultural recurren a formas más sutiles de violencia, como la psicológica, mientras que los que tienen un nivel cultural menor optan directamente por los golpes.
La mayoría no son agresivos de forma habitual. Ejercen su violencia de forma selectiva, sólo con su mujer. Por eso es tan difícil reconocerlos. Además, desarrollan una especie de doble personalidad hacen lo que corresponde hacer a un hombre cuando están en público: tratar bien a su mujer, pero son unos tiranos en privado.
Además suelen presentarse a sí mismos como víctimas. «Discutimos y ella me dijo que no aguantaba más y que se iba. Yo la empujé y se cayó». Así describe un ingeniero de 28 años una de las agresiones a su pareja. «Tuvimos un desencuentro, le grité y se asustó», «me provocó», «si se hubiese quedado callada no habría pasado nada», dicen otros.
Los valores machistas que imperan en la sociedad han calado hondo en estos hombres, llevándoles a extremos límite. Muchos incluso sufrieron maltratos en su infancia y han interiorizado la violencia como un comportamiento normal. Los golpes y los gritos son su único recurso. La única forma de enfrentarse a una vida que no transcurre como a ellos les gustaría.
¿QUÉ HACER SI TE AGREDEN?
Si eres víctima de malos tratos puedes contactar con la Policía (091) o la Guardia Civil (062) en cualquier momento del día. Aquí tienes unos consejos que podrán servirte de ayuda e incluso salvarte la vida en una situación de peligro.
1-Protégete partes sensibles del cuerpo como la cara y la cabeza. Intenta permanecer fuera del alcance de tu agresor: puedes encerrarte en una habitación –que tenga una ventana para escapar, o un teléfono para pedir ayuda-, irte a casa de alguna vecina o amiga –llévate a los niños contigo-, cerrar las puertas de casa si el agresor ha salido...
2-Haz todo el ruido que puedas. Llamar la atención de los vecinos o de la gente que pasa por la calle puede servir para que alguien acuda en tu ayuda y salvarte la vida.
3-Si tus vecinos son de tu confianza, puedes pactar con ellos una señal de ayuda (un ruido concreto, por ejemplo) para que sepan cuándo estás en peligro y avisen a la policía.
4-Los niños también son víctimas de la violencia. Enseña a tus hijos a protegerse, a ponerse a salvo, a quién llamar para pedir ayuda en los momentos peligrosos…
5-Registra en un cuaderno, con todo el detalle posible, las situaciones de violencia vividas y los datos de testigos. Guarda todas las pruebas que puedas: objetos rotos, armas, ropa destrozada o con sangre... Te será de utilidad si decides denunciar a tu agresor.
6-Si no puedes desplazarte por ti misma a una comisaría o a un centro sanitario, contacta con la Policía (091) o la Guardia Civil (062). Ellos acudirán para ayudarte.
LOS 10 MANDAMIENTOS PARA SALIR DEL MALTRATO
1. Amarás tu vida y la de tus hijos por encima de todas la cosas.
2. Denunciarás en comisaría la próxima agresión física o psíquica que sufras.
3. No consentirás que él controle tu vida.
4. No dejarás que te insulte ni que te haga creer que eres inferior a él.
5. No creerás ni una vez más sus disculpas y promesas de cambio.
6. Convéncete de que si te pega y te humilla, no te quiere.
7. No te sentirás responsable. Si te maltrata, el único culpable es él.
8. Escucharás los consejos de familiares y amigos que te quieran ayudar.
9. Buscarás la ayuda profesional de psicólogos y asistentes sociales.
10. Creerás en ti misma y en tu valor para rehacer tu vida.
DIRECCIONES Y TELÉFONOS DE INTERÉS
Emergencias
112
Información Instituto de la Mujer
900 19 10 10
Teléfono ciudadano (información y denuncias)
902 22 22 01
Centro de Información malos tratos mujer
900 10 00 09
EMUME: Dirección General de Especialistas Mujer-Menor
Email: emume@guardiacivil.org
Formulario para solicitar la orden de protección.
UN MAL INTERNACIONAL
El 25 de Noviembre es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
Una fecha que conmemora el violento asesinato, en 1960, de las hermanas Mirabal —militantes opositoras de la dictadora que ejerció Leónidas Trujillo en la República Dominicana durante más de 30 años—, un símbolo indiscutible de fuerza en las mujeres.
Cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, según datos de Naciones Unidas y al menos una de cada cinco es víctima de malos tratos en su propio hogar, según la OMS.
En pleno siglo XXI, no hay ni un solo país en el que hombres y mujeres tengan el mismo estatus, ni las mismas oportunidades. Tal desigualdad es el principal escollo para erradicar la violencia de género.
Ya en 1981, la ONU advertía de que "la discriminación contra la mujer viola los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana".
En la declaración de Pekín (1993) se calificaba la violencia de género como una importante "violación de los derechos humanos".
Más recientemente, en 2002, el Consejo Europeo declaraba la violencia doméstica como un "mal endémico", al ser la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 44 años.
Sólo en España, 56 mujeres han sido asesinadas en lo que va de año por sus parejas o ex parejas -el caso más reciente, el pasado sábado, en Tarragona, apenas una semana después de que se produjeran tres muertes en un solo día-. Y hay muchas más que son agredidas día tras día física y/o psicológicamente en la intimidad de su hogar.
Pero más allá de la violencia en el ámbito doméstico, están las agresiones que sufren las mujeres por el simple hecho de serlo. Todo se engloba dentro de la denominada "violencia de género", término incorrecto, según la Real Academia de la Lengua -que llegó a recomendar el uso de "violencia sexista o de sexo"-, pero que ha 'calado' tanto en la sociedad española en los últimos años que ha dado nombre a la propia ley destinada a combatirla. La Red de Organizaciones Feministas contabiliza hasta el momento 72 mujeres asesinadas en 2005 en nuestro país.
Muchas son las causas que citan los expertos para explicar la violencia doméstica y de género, pero hay una que se impone sobre las demás: la desigualdad real que aún existe entre hombres y mujeres en un mundo que sigue siendo machista.
No es tarea fácil erradicar los estereotipos culturales y sociales heredados del tradicional modelo patriarcal que vinculan al hombre con la idea de la fuerza y a la mujer con la de la sumisión. Tampoco ha sido fácil llegar al grado de concienciación social que existe hoy. Hasta hace relativamente poco, la violencia en el ámbito de la pareja se entendía como un problema de puertas adentro en el que nadie se debía inmiscuir. Hoy, gran parte de la sociedad es consciente de que no se puede ni se debe mirar hacia otro lado.








Me pareció muy interesante el informe.
Lindo blog, pásate por el mioo si quieres, es nuevo aún.
un abrazo grande.
Frudem
Cada di te re-descubro y te admiro aun mas. Gracias por ser esa sirena sonora en medio del silencio de quienes sufren....
Frudem, gracias por tus palabras. Me pasaré por el tuyo en un momentito. Otro abrazo para ti y vuelve cuando gustes.:)
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Uchi, no me vayas a subir en un pedestal, que las caídas desde tan altos lugares suelen ser muy rápidas y peligrosas y una ya tiene una edad y la osteoporosis está a la vuelta de la esquina.;;;)))
Así y todo, gracias por tus cariñosas palabras que animan un tanto a mi, últimamente, resentida autoestima.
Besitos, mi niña:)