ECHO DE MENOS...
Echo de menos que tus brazos, bellos y suaves, me envuelvan mientras duermo.
Echo de menos reir a mandíbula batiente mientras soy la imagen de la felicidad hecha persona.
Echo de menos que me mires a los ojos y ser testigo del brillar de tu mirada enamorada mientras, ahí, en el centro de tu pupila, me descubro a mí misma, entregada, como siempre, a ese mar verde que me embriaga y protege.
Echo de menos pasear sobre los adoquines de esa gran ciudad que tanto tiempo me acogió entre sus bulliciosas calles.
Echo de menos las mariposas de mi estómago al esperar que vengas a verme.
Echo de menos ir a tomarme un café con mi abuela embutida en sus altos tacones.
Echo de menos a Guanche, Chinita, Fito, Carlota y Coji, que se han quedado en casa, ¡mi casa que se ha quedado tan lejos!
Echo de menos a mi gran amiga, aquella que me hizo las veces de madre, mi cómplice, mi tesorera de secretos, la que un cáncer se llevó de este lado hace ya demasiados años.

Echo de menos tus abrazos: fuertes, colosales, lentos, abiertos, sinceros, únicos, nuestros.
Echo de menos los inviernos de mi niñez cuando, en esta islita preciosa, corría la lluvia por sus calles sin causar grandes males y echábamos mano, incluso, de un abrigo.
Echo de menos tenerte dentro de mí, mientras mis labios te abrazan, mis piernas te enlazan, mis brazos te protegen, mi pecho te acoge y mi boca te busca.
Echo de menos a Lara cada vez que entro en mi cocina y sólo las cuentas de los ojos de Luna me sonríen por debajo de la mesa.
Echo de menos sentirte feliz, pletórico, contento, alegre, ilusionado, radiante.
Echo de menos sentarme a escribir dejándome ir, con los pies descalzos sobre los fríos azulejos, sin mayor preocupación que la de ser capaz de estructurar y redactar la historia tal y como ella necesita, exige y espera que lo haga.

Echo de menos tu voz susurrante acariciándome por entero cada vez que me suspirabas un "te quiero".
Echo de menos zambullirme por entero en un mar profundo, solitario, silencioso y lleno de vida.
Echo de menos tu olor, ese aroma que reconocería entre millones y que tanto adoro.
Echo de menos el asiento de un avión que me acerque hasta mi propio destino.
Echo de menos que sueñes conmigo. Sin más.
Echo de menos la casa en que crecí que ahora me observa desde lejos cada vez que paseo ante sus ventanas.
Echo de menos una vida entera para poder compartirla, toda, contigo.

Echo de menos al amigo, al cómplice, al lector, al maestro, al aprendiz, al admirador, al amante.
Echo de menos un cumpleaños, con tarta y velas, repleto de risas.
Echo de menos mis carpetas llenas de fotos de surferos y de "mis chicos".
Echo de menos tu piel: a veces dulce, a veces salada, a veces preocupada, a veces hechicera, a veces tímida, a veces pasional, pero siempre, tan mía.
Echo de menos el frío meteorológico que provoque el estremecimiento de mi columna vertebral.

Echo de menos el sonido del timbre telefónico que se queda mudo de tanto añorarte.
Echo de menos la lectura que, ahora mismo, no me veo capaz de iniciar.
Echo de menos los tiempos en que soñaba contigo porque no recordaba que existías e imaginaba que, algún día, aparecerías en mi vida.
Echo de menos las nubes de algodón dulce que dejaban mis cachetes empegostados mientras la noria jugaba con mi estómago.
Te echo de menos...Me echo de menos...Nos echo de menos.









Dadá dijo
Probablemente aún sueñe contigo, Clito.
¡Algo es algo!
Por cierto; no duermes nunca, ¿verdad? ;)
23 Noviembre 2006 | 04:30 AM