Abro mis ojos y pienso en ti.

Piso el fresco suelo con mis pies desnudos y pienso en ti.

Me asomo, asustada, al espejo y pienso en ti.

Saludo a mis ojos vacíos e hinchados y pienso en ti.

Dejo que el agua caliente me recorra entera y pienso en ti.

Creo una falsa sonrisa en mi rostro, acariciando a Luna y pienso en ti.

Observo cómo gira la taza dentro del microondas y pienso en ti.

Permito que el capuchino me haga soñar de nuevo y pienso en ti.

Me siento frente al monitor y pienso en ti.

Elevo mi alma hacia el cielo nublado y pienso en ti.

Escucho a Celine Dion canturreando notas y pienso en ti.

Recorro blogs, fotos, palabras y espacios y pienso en ti.

Lanzo un chorro de perfume sobre mi piel insensible y pienso en ti.

Comienzo a fabricar el antifaz con el que protegerme ante los demás y pienso en ti.

Abro la puerta de la calle, salgo fuera y pienso en ti.

Me siento, le doy al contacto y arranco y pienso en ti.

Un hombre que cruza, solitario, te trae hasta mí y pienso en ti.

Alimento a la que tantas veces cuidó de su niña chiquita y pienso en ti.

Recorro caminos tantas veces ya andados y pienso en ti.

Me pierdo entre estanterías, señoras petardas y el olor a pan recién hecho y pienso en ti.

Las bolsas revientan mis manos vacías mientras subo escalones y pienso en ti.

Ordeno latas y botes, clasifico productos y pienso en ti.

Me siento a esperar a que las musas decidan acariciarme y pienso en ti.

El sabor de un navideño bombón me hace viajar hasta tu boca y pienso en ti.

Me tumbo en mi gélida y enorme cama y un bicho de peluche me abraza y pienso en ti.

Enciendo la caja boba, escudriño a un grupo de entes encerrados en una casa y pienso en ti.

El sonido mudo de un teléfono, que parece odiarme, me grita que ya no estás para mí y pienso en ti.

El sonido de un avión surcando el aire eleva mi cuello hasta que me topo con su silueta y pienso en ti.

Un universo de recuerdos vuelve a tocar en el timbre de nuestra memoria compartida y pienso en ti.

Me enfado con la propia vida y, escupiéndole un iracundo por qué, me derrumbo y pienso en ti.

Las lágrimas empapando mis inflamados párpados resbalan por mis mejillas y pienso en ti.

La soledad más terrible se sienta a mi lado, me abraza más fuerte que nunca y pienso en ti.

Me abalanzo sobre el teclado, aúno sentimientos y ausencias y pienso en ti.

La pantalla en blanco va cobrando vida por medio de este texto y pienso en ti.

Mi cuerpo, agotado, doliente, ajado e inerte decide echarse un rato y pienso en ti.

Mi mente, inservible, triste, opaca y huérfana se hunde en una pesadilla de sombrío desamor y pienso en ti.

Mi espíritu, amante generoso, me susurra que me necesitas tanto como el aire que respiras y pienso en ti.

Sé que, para los ojos de los demás, todo esto es una absurda locura. Pero ¿qué puedo hacer si nunca he sido tan feliz como al estar a tu lado y sólo pienso en ti?

Mi consciencia se diluye entre las suaves sábanas y, en mis oníricos sueños, un mar, color esmeralda, me mece entre sus sensuales aguas y, de nuevo, pienso en ti.

Pienso en ti y, una vez más, me pregunto al despertar si estarás pensando en mí.