GENTES...
Gentes se cruzan conmigo clavando y desviando sus miradas. Jóvenes y mayores, tristes y alegres, seguras y perdidas, las mareas inabarcables de almas se mueven delante de mis pupilas.
A veces conecto con alguien, como con el chico que viaja junto a su pequeño gatito, recordándome a mí misma en otras ocasiones.
A veces, simplemente, son cuencas vacías las que me escudriñan y no me aportan absolutamente nada.
Cada persona con su propia historia. Cada historia dispuesta a protagonizar los días y las noches de cada una de esas vidas ambulantes que se cruzan con mi propia senda.
Gentes que van al trabajo, como cada día. Gentes que echan de menos a la persona amada. Gentes solas y taciturnas. Gentes enfermas y febriles. Gentes ilusionadas por los nuevos zapatos que llevan dentro de la bolsa de papel. Gentes que hacen que devoran libros mientras el autobús se hace esperar. Gentes autistas, risueñas, parlanchinas, despistadas, somnolientas, aburridas...

Gentes como tú y como yo. Gentes como nosotros. Gentes que esperan soñando. Gentes que, soñando, desesperan. Gentes anhelantes de seguir siendo gente.
La marea de gentes espera que la mañana llegue y, con ella, el nuevo y fresco oleaje que les conduzca, con un poco de suerte, hacia costas por descubrir y admirar.
Puede que estas mismas gentes se crucen también contigo. Puede que, incluso, conectes con las mismas gentes que lo hacen conmigo. Tal vez se trate de la misma señora. Sí, ésa que tropieza contigo y casi te parte una costilla con su enorme bolso. Bolso colgante desde su hombro derecho y en cuyo interior debe portar, como mínimo, una plancha de viaje. Puede que sean sus mismos ojos azules que te piden disculpas por semejante choque los que me observen a mí en otro momento. Los mismos que, en este preciso instante, me espían al escribir estas palabras en mi pequeña libreta fucsia, plagada de corazones.
Recuerda siempre que cuando una historia choca contigo, cuando un alma, además de verte, te mira, en realidad también lo hacen todas aquellas otras historias, todas aquellas almas, todas aquellas gentes que, alguna vez te vigilaron, tal y como ahora lo hacen conmigo este par de ojos color cielo.
(Escrito el 07/11/2006, Madrid)








