LOS CUATRO OJOS DE MORFEO
Barcelona se adivina del otro lado de las ventanillas, bajo un resplandeciente sol que pareciera el preludio de un florido mes de mayo.
Atrás se queda mi casa. Atrás se queda mi hogar. Atrás se queda la vida que pasa. Atrás se queda mi divagar.
Atrás, tus ojos y tu sonrisa. Atrás, mis risas y mi soñar. A veces ángel, a veces demonio. A veces guerra, a veces paz.
Un violín triste y solitario regala mis oídos de nostalgia tras hora y media de película y risas. Un almuerzo sin sabor, regado por una bebida que acrecienta mi sed...Y, mientras, la pantalla de a bordo nos muestra que volamos a una altitud de 10.668 metros sobre el nivel del mar. La temperatura exterior es de -50 grados centígrados y al violín se le une un coro de voces que parecen orar las notas del piano que las acompaña.
En este preciso momento, el mapa nos indica que sobrevolamos la ciudad de Safi, junto a la costa saharahui y la nave comienza a adentrarse en mi idolatrado Atlántico...
Océano de mis noches.
Mar de mis días de playa.
Aguas de mis tardes de inviernos.
El cansancio se empeña en adueñarse de mis párpados y sopeso la posibilidad de dejarme arrastrar por mi, últimamente, arisco Morfeo...Y Morfeo acaba llegando bajo la forma de onírico dios con dos pares de ojos presidiendo su bello rostro.
Un primer par de ojos verde esmeralda. Claros como el mar de mis costas. Profundos como el alma que los anima. Amorosos como el corazón que les hace quererme. Luego me fijo en los otros: tan bellos como
los primeros, pero con un tono verdoso oscuro, como el verde de un campo adulto en el que las flores han dado paso a los sensuales frutos. Vivos como el niño que todo lo quiere saber. Acariciadores como los labios que hablan por ellos. Incansables como el perro guía del trineo vital.
Morfeo, con sus cuatro ojos, me abraza y acuna mientras una nueva melodía de ecos submarinos, de caracolas de notas, me sumerge entre las corrientes de mi propio oleaje... Y Morfeo me envuelve mientras vuelo entre suspiros de Eolo, tozudo en retrasar mi llegada a la tierra que me vio nacer.
¿Qué voy a hacer con vosotros cuatro, bellos ojos que me observáis en silencio?
¿Qué voy a hacer si cada una de vuestras miradas me aporta algo diferente, complemento de las otras?
¿Acaso debería arrancarme mis propios ojos? ¿Será eso lo que me veré obligada a hacer?
¿Acaso serán las avellanas de mis ojos las que se han perdido por algún recodo del sendero y vagan equivocadas, sin ver más allá del saberse sin rumbo fijo?
(Escrito el 24 de Octubre del 2006)








Conci a un medico, que iba a Canarias todos los fines de semanas Al final trajo a su familia de Canarias a Jerez. ¿Cando vas a Canarias clítoris?
Conci a un medico, que iba a Canarias todos los fines de semanas Al final trajo a su familia de Canarias a Jerez. ¿Cando vas a Canarias clítoris?