Tras 24 años cerrado al público, Gran canaria y el resto de las Islas Afortunadas celebran la reapertura del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gáldar desde el pasado 26 de julio. Cuentan que en su interior se reunían los jefes guanartemes de los aborígenes gran canarios. Allí era donde los nobles discutían la toma de decisiones de todo tipo.
Los primeros indicios del descubrimiento de la Cueva Pintada nos llevan hasta el año 1862, aunque, en realidad, el hallazgo se suele datar un poco después, en 1873.

Fue un campesino, José Ramos Orihuela, el que se topó con la cueva cuando, al trabajar sus tierras, un derrumbe dejó al descubierto un profundo agujero. Una cueva artificial, excavada en la roca volcánica, se aparecía ante sus ojos decorada con motivos geométricos y policromada sobre todo en tonos rojos, negros y blancos.

A partir de ese instante, el lugar se convirtió en parada obligatoria para los científicos y viajeros más importantes de la época como René Vernau, Chil y Naranjo o la británica Olivia Stone.

Es justo señalar que desde finales del siglo XIX se produjo una temprana toma de conciencia de ciertos sectores de la sociedad canaria que alzaron sus voces para recalcar la extraordinaria relevancia de este hallazgo y defender su conservación. Así, el cronista Batllori y Lorenzo, a través de las columnas de la revista "El Museo Canario", lanzó una llamada desesperada para la protección de la Cueva Pintada bajo el lapidario título de "Mi última tentativa".

A lo largo del siglo XX continuaron las críticas a la desidia institucional, pero es sobre todo a partir del año 1967, cuando se inicia una campaña de prensa en favor de la recuperación de este enclave.

Ante el progresivo deterioro de las pinturas, la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas emprendió en 1970 las obras de protección y aislamiento de las humedades que estaban afectando a los dibujos. Se iniciaron así las labores de limpieza y desescombro que dejaron al descubierto un grupo de cuevas que, rodeando a la cámara decorada, formaban un conjunto único.

La escasa información que se tenía entonces del tipo de poblados prehispánicos, unido a la falta de previsión y nula reacción ante los hallazgos que se fueron produciendo durante los trabajos, provocaron la destrucción de una parte importante de este complejo, del que sólo se pudieron recuperar escasos restos materiales gracias a algunos vecinos que los rescataban de los escombros.

Los primeros indicios del deterioro de las pinturas se observaron apenas ocho años después de la apertura al público en 1972. El regadío de las fincas del entorno, el inadecuado cierre arquitectónico y la nula planificación de las visitas provocaron una excesiva humedad ambiental y el aumento de la temperatura en el interior de la cámara. A pesar de algunas reformas que mejoraron la ventilación del recinto, el mayor problema seguía siendo las continuas filtraciones del agua de riego y la agresión de los abonos químicos disueltos en ella. Se decidió entonces comenzar los trámites de expropiación de las fincas colindantes para poder retirar los cultivos. Este cúmulo de circunstancias obligó a tomar la decisión de cerrar la cueva al público en octubre de 1982.

Pero ahora, desde hace algo más de dos meses nos encontramos, por fin, con un museo y parque arqueológico que comprende 5000 metros cuadrados distribuídos en diferentes salas circundantes a la nave principal donde descansan los restos del poblado original.

Durante este periodo de cierre forzoso, que ha durado más de dos décadas, arqueólogos como Jorge Onrrubia, Iñaki Sáenz o Carmen Rodríguez han encontrado sesenta edificaciones y materiales como cerámicas, ídolos rituales, pintaderas (sellos de arcilla) o desechos de fauna, junto a otros hallazgos introducidos por los conquistadores en épocas posteriores, como monedas y espadas.

Agáldar fue sede de Gáldar, uno de los guanartematos o reinos más importantes de la isla, antes de la llegada de los conquistadores castellanos durante los siglos XIV y XV. El topónimo GÁLDAR es la derivación directa de su formula original AGALDAR, cuya raíz etimológica contiene el morfema G-D relacionado con el radical "IGDAR" que a su vez tiene dos cabeceras semánticas:

FORTALEZA, PROMINENCIA, que se relaciona con el sitio aludiendo a su Montaña.

REGIA, REAL, donde esta la tienda o la casa del Rey que coincide con su denominación de "Ciudad de los Reyes o de los Guanartemes". En síntesis el topónimo AGALDAR podría traducirse como "LA REAL CIUDAD".

El yacimiento de la Cueva Pintada es el lugar ideal para entender la vida y el desarrollo de los primitivos habitantes canarios. Su museo constituye un perfecto ejemplo de interactividad entre el visitante y el objeto expuesto.

Un video tridimensional sumerge a los espectadores en las aventuras de la princesa Arminda, hija de Guanarteme el Bueno, que, a su vez, actúa de cicerone en el que, otrora, fue su hogar.

A lo largo del recorrido por casi 400 metros de pasarela , los curiosos planean sobre los restos de los hogares de los que ocuparon Agáldar durante nueve siglos. Asimismo, diez pantallas van mostrando un audiovisual que describe las claves de cada uno de los rincones.

La cueva surge tras gruesos cristales y al abrigo de la luz y de `posibles cambios de temperatura. Los técnicos han logrado que se mantenga permanentemente entre 22 y 23 grados centígrados y, nunca, con más de un 75% de humedad. Se accede a ella en grupos de diez personas y un guía nos va descubriendo cada uno de sus secretos. Pero aún hay más: aún nos queda por descubrir la reproducción de las casas cuyos restos ya se han podido adivinar a lo largo del recorrido.

Los tres tipos distintos de construcción (de basalto, toba y mixtas) aparecen reunidos con las medidas y disposición originales. Normalmente contaban con dos alcobas laterales abiertas, mirando hacia el sur y de un espacio común.

Pero, realmente, ¿cómo se vivía entonces y qué función concreta tenía la misteriosa y colorista cueva?

Los aborígenes de las siete Islas Canarias desconocían el uso de los metales, por tanto, según todos los indicios, se hallaban en su propia Edad de Piedra y, concretamente, los pobladores de Agáldar se caracterizaban por poseer una estructura social piramidal y matriarcal. Es decir, la estirpe se transmitía a través de las mujeres, aunque eran los hombres los que ocupaban los cargos más importantes en la jerarquía.

En la cumbre de la pirámide se hallaba el Guanarteme, máximo brazo político, social y militar. Le seguía un grupo de nobles, los gayres, que conformaban "el consejo" o "sabor". Por debajo de ellos, los historiadores hablan de otros tres niveles: la baja nobleza; los plebeyos y, por último, los embalsamadores, verdugos, carniceros y prisioneros.

Conocían la agricultura de regadío y cultivaban cereales y legumbres. También practicaban la ganadería, la recolección y la pesca a niveles muy básicos.

La Cueva Pintada, lugar de reunión de los poderosos y líderes políticos y militares, mide unos cinco metros de largo y fue excavada en la toba volcánica de la zona. Los pigmentos que la adornan, datados en el siglo X, representan triángulos, cuadrados y espirales en diferentes tonos de negro, blanco y rojo. Dichos tonos se conseguían a partir de cenizas (los negros), almagre (los rojos) y calizas (los blancos). La técnica usada fue la de preparar la roca aplicándole una fina capa de arcilla sobre la que, luego, pintaron los dibujos.

Muchas y muy diversas han sido las posibles interpretaciones que se han dado a tales motivos ornamentales, pero, quizá sea la ofrecida por el investigador José Barrios, la que mejor encaje con el carácter agrícola de los aborígenes de Agáldar. Según este matemático, las pinturas representan un calendario y su control, por parte del Guanarteme no sólo le servía para seguir el ritmo de las cosechas, sino como elemento simbólico de poder.

Sin lugar a dudas, todo un viaje apasionante a través de la historia y de los tiempos, el que nos ofrece el recientemente inaugurado Museo Y Parque Arqueológico Cueva Pintada. ¿Te animas? A mí no me faltan ganas de pisarla, aunque sea en plataforma y con mucho cuidadito.