¡¡¡¡¡POR FIN VUELVO A TENER VENTANAS!!!!!
Después de 57 días de obras con el taladro al otro lado de la pared, con cuatro obreros andando por los andamios aferrados a mis ventanas y muros, ¡al fin, se ha acabado la pesadilla!
Después de casi dos meses de vivir entre penumbras, con las persianas y las cortinas echadas, con las plantas medio pochas, con los periquitos desterrados al dormitorio de la coneja, hasta donde sí llegaba la luz solar sin presencias operarias, ¡por fin, hoy la casi luz otoñal vuelve a impregnar toda la casa!
De nuevo me será posible dormir a pierna suelta en horas diurnas.
De nuevo serán las risas alocadas de las cotorras y los graznidos de las parlanchinas urracas las que me devolverán a la rutina diaria, en vez de los horripilantes cánticos "made in Estopa" de Fernando, o Emilio, o Rafael, vaya usted a saber cuál de ellos es el que desafinaba en un intento de arreglar lo que no tiene arreglo posible.
De nuevo, mis ventanas se encuentran abiertas de par en par, para alegría del puñado de voyeurs que, escondiditos, otean de vez en cuando, desde el rascacielos de enfrente.

Y ahí, frente a mí, continúa la plaza desde donde mi solitario y fiel banco me observa y me guiña su ojo de vetusta madera rayada y desde donde la fontana entona un alegre y festivo "bon dia maca" al ver cómo disfruto con sus juguetonas aguas.
También están, tan bellos como siempre, el alto abeto, las exhuberantes palmeras canarias, los urbanos plátanos -perdiendo hojas sin parar-, los espirituales y místicos cipreses, las colinas de la sierra, al fondo, estáticas y tan llenas de vida.
Frente a mí, abajo, entre los parterres, se mecen todas aquellas plantas y arbustos abonados con los cuerpos de mis bichitos que, una vez, emprendieron el viaje eterno y se encuentran, ya, jugueteando entre las recias raíces de Sabius, el anciano roble de mi cielo animal.
Sí, la ciudad continúa su ritmo tras las renovadas ventanas. Las gentes van y vienen. Los ruidos regresan hasta mis oídos. Las nubes continúan con su peregrinar eterno.

Barcelona se prepara para recibir al romántico otoño y yo vuelvo a disponer de una ventana desde donde asomarme a ella y ser testigo silencioso de un nuevo océano de historias que salpicarán mi ventana y, remojarán los pies del hada de mi alféizar en un ir y venir de mareas vitales.































































































azuloscuro dijo
No hay nada como una ventana que nos de luz y desde la que podamos ver la antesala del mundo que hay más alla de esos cristales que cerrados nos protegen y abiertos nos dan la libertad.
Un saludo desde mi ventana que no está en el rascacielos de enfrente, :-)
18 Septiembre 2006 | 02:13 PM