¡¡¡BIENVENIDOS A "VILLA JIRAFA"!!!
Hoy ha llegado hasta mis manos una curiosa y mágica historia, la de un pudiente y joven matrimonio que, desde hace más de 20 años se dedica a atender, cuidar y alimentar a un grupo de jirafas Rothschild, en peligro de extinción.

Rick y Bryony Anderson decidieron en el año 1983 reconducir su vida y continuar con la labor que comenzaron los padres de Rick en los años 70. Veintitrés años llevan trabajando para que las jirafas de esa zona de Nairobi (Kenia) no desaparezcan y continúen reproduciéndose.

La principal causa que hace peligrar la continuidad de esta subespecie de jirafa en esa zona africana no es otra más que la tremenda proliferación de grandes zonas agrícolas. Estas nuevas explotaciones dividieron los ecosistemas en los que estos maravillosos animales vivían libres, impidiéndoles así desplazarse en busca de alimentos y de agua. Además, si esto no fuera poco, también hay que destacar la maldita caza furtiva, siempre tan presente en África, que les daba de lleno ya que su carne y su piel siempre son un negocio más que seguro.

Cuando la finca aún pertenecía a los padres de Rick existían alrededor de 120 jirafas que vivían en un rancho próximo y que, casi con total seguridad, iban a morir al ser desmantelado.

Ninguna de ellas había crecido ni vivido en libertad y no sabrían defenderse, solas, y, menos aún, dentro de un hábitat empobrecido y dividido. Entonces fue cuando la magia comenzó a sobrevolar aquel lugar.

A los viejos Anderson no se les ocurrió otra cosa más que acogerlas y, para ello, las transportaron en la parte de atrás de un autobús hasta su mansión. Tuvieron que dar cinco viajes para conseguir llevarlas a todas. Pero el padre de Rick murió en 1.983 y su madre un año después , así que tanto Rick como su esposa decidieron continuar con su labor.

Lo más asombroso de todo es que las jirafas los han tomado como padres adoptivos y "se pasean" por las ventanas, balcones y puertas de la mansión, de corte inglés, como Pedro por su casa y, como podéis ver en las fotos, no exagero lo más mínimo.

El matrimonio posee actualmente 15 jirafas viviendo en sus 150 acres de terreno privado. Las quieren y adoran como si se tratase de sus propios hijos soportando, con una sonrisa y enternecedor cariño, todo tipo de incomodidades.

No pueden dejarlas entrar en su hogar debido a sus colosales dimensiones y tampoco pueden dejar las ventanas abiertas a cualquier hora ya que han sufrido más de un susto inesperado en momentos nada oportunos. Además, cuando pasean o trabajan en los jardines y en los alrededores de la casa deben estar muy atentos para que no los arrollen involuntariamente.

Cada mañana, Jock, Sandy, Betty, Kelly, Iddi, Laura y el resto de jirafas se dirige a casa de los Anderson y, todos juntos, ingieren un suculento y apetitoso desayuno.

La pareja, cómodamente sentada en el segundo piso del edificio, con sus cafés y tostadas y ellas, con su largo cuello y su preciosa cabeza dentro del lugar, olfateando y buscando su más preciado tesoro: la fruta.

Dicen que no fallan jamás a su cita y que, además, son extremadamente puntuales, que las reconocen perfectamente y que, cada una de ellas, tiene un carácter diferente al resto.

Algunas de las más jóvenes, por ejemplo, son más tímidas y sólo se envalentonan cuando ven cómo las mayores se acercan a la fachada.

A veces les preocupa la seguridad de los animales ante el temor de que, puedan romper un cristal y hacerse daño, sobre todo cuando dos de las más jóvenes introducen la cabeza por la misma ventana. Pero, de forma asombrosa, cuentan que meten sus testas con todo el cuidado del mundo.

Por otro lado, los Anderson se ahorran el tener que contratar un jardinero para ir recortando las enredaderas que suben por las paredes exteriores de la construcción: las jirafas se las zampan para acompañar su fruta.

Es tal el amor y cariño mutuo que, incluso, han cambiando el nombre de su propiedad por el de "Finca Jirafa" e imparten clases a los escolares de varias poblaciones, con el fin de concienciarlos sobre lo importante que es respetar el mundo animal y, más aún en su país.

En estos tiempos han logrado que 15 animales se hayan integrado de un modo total en la vida salvaje y que otros 15 estén, felices, campando a sus anchas por la finca. Éstas tienen libertad, pero bajo tutela, ya que aún planea sobre ellas el peligro de extinción.

Los huéspedes que la pareja recibe, de vez en cuando, no dejan de salir de su asombro al ser testigo de la inteligencia de estos bellos animales que saben cómo acceder a la comida y buscan a sus amorosos cuidadores sin causar el menor destrozo.

Su gran labor queda reflejada en el aumento del número de jirafas Rothschild en Nairobi. Ahora llegan ya a 350 ejemplares. Alcanzan los 5 metros de altura, pueden llegar a pesar más de 1.200 kilos y viven entre 20 y 30 años.

No sé vosotros, pero yo lo tengo claro. Si alguna vez tengo la oportunidad de hacer real mi sueño de un safari fotográfico por la preciosa Kenya, moveré cielo y tierra con tal de poder disfrutar de un desayuno en Villa Jirafa. Aunque sé que me quedaré hambrienta porque seré incapaz de zamparme mi frutita teniendo a semejantes maravillas observándome mientras les suenan sus tripas.

Dicen que para que se cumpla un sueño lo único necesario es despertar...Y yo estoy más despierta que nunca. Será cuestión de empezar a ahorrar.

Ah y si queréis seguir sonriendo y babeando de la envidia, pinchad aquí y disfrutad de lo lindo.