¿ A DÓNDE VAN LOS SUEÑOS ROTOS ?
Es un dolor lacerante, que te llena por completo, que te impide respirar.
Una boca que se abre como la del pez en busca de esa burbuja de aire que le permita vivir un segundo más...Vivir, ¡qué lejano suena!

Dicen que vivir es sentir, experimentar, conocer, aprender, amar, odiar, sonreir, llorar...Llorar.

Es un dolor que te parte en dos para, luego, regar cada una de tus moléculas por donde él prefiera. Te domina, te posee, te agota, te humilla, te tiene en sus manos. Él es el amo y señor: todopoderoso y omnipresente.

No es la primera vez que te hace suya y seguramente no será la última. Os conocéis perfectamente. A veces os sentáis frente a frente y os observáis en silencio: él, arrogante; tú, deshecha.

Su presencia lo cambia todo. Lo que hasta hace dos horas era vivir se torna en desesperación, infierno, pesadilla, sinrazón, soledad y ceguera. Un cielo azul se vuelve gris. Una sonrisa se transforma en llanto. El corazón palpitante se disfraza de latente vacío.

Es un dolor odiosamente reconocible que te hace estallar de un modo brutal. Te rompe, te deshace, te relega, te viola, te arrincona, te aplasta, te hunde, te ahoga, te vence, te castiga, te arrastra. Te vapulea el alma y deja tu cuerpo herido. Te convierte en un guiñapo y se ríe de ti.

¿Y los sueños dónde están? Eres Alicia atrapada en el espejo: sin una realidad que pisar y sin un mundo que soñar.
¿A dónde fueron los sueños? Eres un Pinoccio de carne y hueso cuyos hilos maneja el que menos deseas que lo haga.
¿Acaso mueren los sueños? Eres una Caperucita sin bosque, sin abuela, sin leñador y sin lobo, que, cuando desdobla la pañoleta que cubre su cesta, sólo descubre hediondos gusanos y podredumbre.
¿Y si los sueños mueren, muere con ellos el soñador que los creó? Eres una bella durmiente sin príncipe que la despierte, sin sueño que soñar, sin reino que reinar, sin cuento que vivir.

¿Por qué siempre me empeño en ir más allá? ¿Por qué siempre busco algo más? ¿Por qué no me contento con lo que soy ni con lo que tengo? ¿Por qué siempre me doy por entera en todos los aspectos y en cualquier circunstancia? ¿Por qué nadie ha visto, sentido o vivido las cosas como yo las veía sentía y vivía?

Hoy has vuelto a sentarte sobre mi corazón y a cruzar tus piernas sobre mi alma.
Hoy, cuando menos te esperaba, te has presentado de improviso y has decidido quedarte, pegado a mí, para no marcharte quién sabe por cuánto tiempo.
Hoy vuelves a arrinconarme sobre el tablero de la vida.
Hoy has conseguido, de nuevo, que dude de mí misma, de lo que he sido, de lo que tengo, de lo que soñé.

Hoy, vuelves a abrazarme, desamor, pero, ¿sabes?, dentro de un tiempo volveré a vencerte, como siempre hago. Porque por mucho que duelas ahora, por mucho que hundas tu zarpa en mi profunda herida, por mucho que te rías de mi sufrir, el amor que sentí, que siento y que sentiré llena cada uno de mis poros, cada uno de mis pensamientos, cada uno de mis sueños. Porque sí, aunque ni yo misma lo crea, todos ellos están dentro de mí, escondidos, aletargados, refugiados, esperando a que yo decida devolverles el lugar que deben ocupar, el que tú ocupas ahora: YO MISMA.