HIROSHIMA: 61 ANIVERSARIO DEL MAYOR ACTO TERRORISTA EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
El 6 de Agosto de 1945 a las 08:16 (hora japonesa), la fuerza aérea estadounidense lanzó la primera bomba atómica contra objetivos civiles, en la ciudad de Hiroshima, al oeste de Japón. No hubo tiempo para huir: 120.000 personas murieron en el acto y otras decenas de miles murieron antes de acabar el año. Gran parte de Hiroshima quedó borrada del mapa. Sesenta y un años después, las bombas atómicas continúan matando en silencio, gracias a los restos de radiación.

El proyecto de fabricar la bomba atómica se inició en mayo de 1942 bajo la dirección de Vannevar Bush, presidente del Carnegie Institute, y del general Leslie Groves, jefe del cuerpo de ingenieros del ejército bajo el nombre de "Manhattan". Desde entonces, los científicos que experimentaban con la fisión nuclear habían advertido de las terribles consecuencias destructivas que ello pudiera tener para la humanidad.
El 3 de mayo de 1945, Robert Oppenheimer, el principal investigador del esquema atómico había declarado en nombre de sus compañeros de laboratorio: “No nos responsabilizamos con la solución de problemas políticos, sociales y militares planteados a partir de la energía atómica”. El propio Albert Einstein, quien había advertido a Roosevelt sobre las posibilidades que se abrían, también llamó la atención al ejecutivo estadounidense de la necesidad de administrar cautelosamente el poder del átomo desencadenado.
El programa Manhattan tenía inicialmente un objetivo preventivo: la fabricación de 3 ó 4 bombas atómicas que utilizasen la reacción en cadena de la fisión del uranio 235 y del plutonio . Esta reacción en cadena debería liberar cantidades enormes de energía en un tiempo muy breve. En principio, oficialmente se trataba de disuadir a los alemanes de su proyecto secreto de utilizar una bomba atómica que nunca terminaron de fabricar.
Pero los Estados Unidos y sus socios británicos ya habían perdido la sensibilidad ante esta destrucción masiva de vidas humanas. Los bombardeos a la ciudad alemana de Dresde, en febrero de 1945 habían causado 135.000 muertos (según cifras oficiales) en dos días de martilleo incesante de la aviación aliada. Al final de la guerra, 131 pueblos y ciudades alemanes habían sido bombardeados y aproximadamente 600.000 civiles germánicos habían muerto durante "bombardeos estratégicos" llevados a cabo principalmente por fuerzas británicas y estadounidenses.
Ese día de 1945, el avión Enola Gay volaba sobre los cielos nipones. A las 08:16 horas el comandante Paul Tibbets tiró de la palanca que dejó caer un voluminoso artefacto hacia la ciudad que bullía debajo de ellos. Cuarenta y cinco segundos más tarde, cuando el ingenio se hallaba aún a 600 metros de la tierra, se produjo una terrible explosión. Un relámpago intenso y cegador se esparció a 1200 kilómetros por hora y una ola de presión devastadora derribó edificios como si fueran de papel. La temperatura ambiente se elevó, en cuestión de segundos, a 15.000.000 de grados centígrados. Una nube de humo rojizo en forma de hongo se alzó sobre la ciudad. En ese brevísimo lapso 110.000 personas perecieron y otras 190.000 quedaron heridas, con graves quemaduras o con mutilaciones deformantes. La ciudad de Hiroshima había dejado de existir. Se iniciaba la era atómica.
El presidente estadounidense, Harry Truman, quien tomó la decisión final aconsejado por el Estado Mayor del Pentágono alegó, entonces, que con esa demostración de fuerza se evitaba el asalto final contra las islas japonesas y, de este modo, culminar el conflicto armado en el Pacífico, uno de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial.
Es cierto que El Estado Mayor en el Pentágono estaba muy impresionado por la pérdida de 40.000 de sus soldados en el asalto contra la isla de Okinawa. La obstinada resistencia de los nipones, su fiera actitud combativa, su negativa a la rendición, les caracterizaba como guerreros combativos y eficientes.
El código del Bushido, que impartía una absoluta creencia en el honor y la ignominia de la derrota, en la fervorosa defensa del territorio patrio, les infundía energías excepcionales para continuar combatiendo. Sin embargo, hay historiadores que desmienten ese aserto. La flota japonesa estaba destruída así como su fuerza aérea. El emperador Hirohito estaba ya dispuesto a ordenar a su casta militar que depusiese las armas para evitar mayores destrucciones al imperio.
Los analistas de la Casa Blanca aseguraron que con esas 200.000 vidas japonesas, Estados Unidos se había ahorrado un millón de vidas norteamericanas, que es lo que habría costado la invasión a Japón. Sin embargo, son muchos los que difieren de esa opinión: Japón estaba prácticamente derrotado.

Alemania, su socio en el eje geopolítico, había capitulado. Las Filipinas, Iwo Jima y Okinawa habían caído bajo control norteamericano. Tokio estaba siendo bombardeado y la flota imperial había sido destrozada en la batalla de Midway y resultaba poco menos que inoperante.
Sólo era cuestión de tiempo la rendición del Mikado.
Otra razón que se aduce para la drástica medida es el temor a que la Unión Soviética se lanzase sobre un Japón desfalleciente y ocupase una parte de las islas con lo que se hubiese producido una situación similar a la de Corea, dividida en una parte adicta al comunismo tipo soviético y otra al capitalismo estadounidense. Algunos políticos y militares eran partidarios de usar primero la bomba en un blanco absolutamente militar, para ahorrar vidas civiles. Sin embargo se decidió por la variante más inhumana, más mortífera.
Truman declaró entusiasmado, inmediatamente, al recibir la noticia de la aniquilación de Hiroshima que "éste es el suceso más grandioso de la historia".
Luego, en su primer discurso referente al hecho, mentiría sin verguenza: "El mundo se enterará de que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima." Y no olvidó añadir otra justificación humanitaria, adelantándose a las críticas venideras: "Ésto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles."
Si Hiroshima albergaba "una importante base militar" como dijo el presidente ¿ cómo es que sus habitantes declararon que no se asustaron cuando oyeron el ruido del Enola Gay que llegaba con el letal regalito, ni de los otros dos aviones "ya que los aviones siempre pasaban de largo"?. ¿ Por qué no se había bombardeado antes Hiroshima, cuando la fuerza aérea norteamericana se había hartado de bombardear todos los objetivos militares y las ciudades japonesas.?
En Junio de 1945, el General Curtis LeMay, a cargo de los ataques aéreos a Japón, se quejaba de que, después de meses de los bombardeos con napalm, no había ya nada en las ciudades japonesas más que blancos de chatarra y basura. En Julio, los aviones de Estados Unidos podían volar sobre Japón sin encontrar resistencia y bombardear tanto como quisieran ya que Japón no podía defenderse. De hecho los bombardeos de alfombra habían arrasado no sólo las cinco ciudades más importantes, sino también otras 67 ciudades ( 23 ciudades de entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 ciudades de unos 100.000 habitantes. ) destruyendo casi toda la capacidad industrial japonesa.
Sólo el bombardeo de Tokio el 9 de Marzo de 1945 con bombas de fósforo y con 8.250 bombas de 250 kilos que, a 150 metros del suelo se fragmentaban cada una en 50 bombas de napalm, asesinó a 120.000 personas e hirió a más de 40.000.

Es preciso resaltar que la mayoría de las víctimas de los "bombardeos estratégicos" son necesariamente civiles, en especial ancianos, mujeres y niños, por la sencilla razón de que los hombres jóvenes se encontraban en el frente.
La orden número 13 dada el 2 de Agosto por mandos estadounidenses decía: "Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima."
Matar civiles deliberadamente, con "bombardeos estratégicos" o por otros medios, son crímenes de guerra según los principios de las leyes internacionales establecidos en Nuremberg y en Ginebra.
Son nada más y nada menos que actos de terrorismo.









Milton dijo
Impactante... y tétrico... hoy justo hablaba con mi padre de las guerras y los intereses creados de las naciones de Primer Mundo... Espero que nunca más pase algo tan inhumano como aquella vez... no lo creo pero no me gustaría que millones de personas inocentes sufran por dos loquitos que se creen los jefes del mundo.
TQM amiguita, nos vemos... y nunca dejes de SOÑAR.
6 Agosto 2006 | 01:59 AM