NADANDO EN UN OCÉANO DE RECUERDOS
Acabo de salir de una prolongada y fresquísima ducha. El taladrador indómito continúa afanado con su pared y, mientras, al observar mis dedos arrugados por el tiempo pasado bajo la refrescante agua, me he perdido buceando entre recuerdos irrepetibles.
Estas yemas, de pronto envejecidas por la humedad, me trasladan hasta veranos infantiles en los que, cual sirenita mitológica, nadaba durante horas en la playa.
Aprendí a nadar casi antes que a caminar y con poco más de dos años ya buceaba armada con mis aletas azul celeste, mis gafas redondas del mismo tono y mi tubo negro. Tubo al que entonces aún no lograba dominar del todo y que, de vez en cuando, me regalaba algún otro buche del marino líquido.
Me encantaba observarlo todo, hasta el más mínimo detalle, acompañada de mi padre en mis primeras aventuras submarinas.
Perseguir a un simpático "tamboril", admirar a la elegante y bella "fula", sorprender a una despistada "vieja", contemplar la puntiaguda quietud de los "erizos", vigilar los movimientos de la sigilosa "morena", inmersos todos en un nuevo y diferente universo, me hacía sentir como la colonizadora recién llegada a un planeta ignoto.
Todo el día habría permanecido meciéndome entre las imponentes olas de mi amado Atlántico si no fuese por la extrema vigilancia de mi madre que, como siempre ocurre con todas las mamis, decidía que ya estaba bien de tanto nadar cuando más divertido me lo estaba pasando.
Ahora, cuando la piel de mis dedos empieza a retomar su textura natural, vuelvo a recordar esos meses estivales de una adolescencia recién descubierta. Meses vividos alrededor de una piscina, mi piscina, de agua salada natural y de unos paseos que, no por conocidos, se convertían en menos íntimos y apasionantes.
Momentos de primeras mariposas estomacales cuando aquel bellísimo danés de cabello dorado y ojos azules me sonreía o me tomaba de la mano. Instantes de confidencias mudas, de miradas furtivas, de suspiros callados, de ilusiones cautivas.
Entonces esperaba a los momentos en que la piscina se quedaba casi vacía -cuando el resto de usuarios, todos bárbaros del norte, invadían en manadas el restaurante- y pertrechada con mis gafitas de natación, volvía a hundirme en esas cálidas aguas durante tiempos casi eternos.
De nuevo buceaba, nadaba, practicaba mis tres estilos favoritos, jugaba con una simple moneda, hasta que los escalofríos por la hipotermia y las dunas que mi piel arrugada formaba en mis dedos, me obligaban a refugiarme bajo mi enorme toalla.
Al rozar ahora mismo el ratón de mi ordenador me he dado cuenta de que mi epidermis ha regresado a su lugar original y, con ella, vuelven a colocarse en el sitio idóneo los recuerdos de esos veranos sonrientes, radiantes, despreocupados: en las tranquilas aguas de mi memoria.








Me encanta como escribes, pero no me va Celine Dion ;)
Un saludo.
Sin determinar aún, gracias por la parte que me toca de forma directa. En cuanto a Celine Dion, no todos podemos tener el mismo gusto, afortunadamente.;)
Espero acertar contigo en próximas semanas. De momento, ya sabes, pinchas sobre el STOP y la paras, jeje.
Un saludo y vuelve cuando desees:).
Siempre he creido que las gentes que habitan permanentemente junto a la costa, son unos afortunados, y estos recduerdo tuyos me lo corroboran, aunque sigues cerquita del agua marina.
Besos:]:}
Ok, 54, apuntado queda: cuando te secuestre, la mazmorra, a poder ser, que se encuentre cerca de una costa bella y acariciadora;).:::PPP
Y ahora me voy a pelear con marujonas y viejillas puñeteras al super. Así que reza todo lo que sepas porque con estos calores, la mínima que intente colarse...¡¡¡Huy, huy, huy!!!
Besitos marinos:)*************************
Que lindo lo que escribiste amiga!!!!
Necesitaba un par de palabras lindas...(si pasas por mi blog, entenderas por que te lo digo)
besos de hada un poco triste.
No me gusta mucho nadar, aunque estuve en natación cuando era pequeña, pero me encanta el mar, los disfruto muchisimo, me encanta escuchar su sonido, la brisa, el agua, sentir su fuerza, es definitivamente una terapia tranquilizante y para la meditación.
Estaba en clases de buceo pero nunca las seguí, nunca pude llegar a bucear en el mar, ahora me dieron ganar, jejeje.
Muy interesante manera de comenzar tu historia, me gusto muchisimo.
Besos y again que tengas un buen fin de semana.
Hada Curiosa, ya sabes lo que te he dicho en tu blog: "las mezquindades de los demás no nos tienen que entristecer, sino apenar por ellos mismos".;)
Sabes que vales mucho, por tanto, no te minusvalores por una opinión destructiva.
Un besote muy fuerte:)
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Titty Violette, pues si te han entrado ganas de nuevo de dar ese cursillo de buceo, hazlo.
Pocas sensaciones tan sublimes hay en esta vida como zambullirte dentro de ese otro único universo que nos contempla aguas abajo;).
Besitos y feliz fin de semana:)