ESTO ES PARA TI...
MI SEGUNDA MADRE
Recuerdo crecer entre sus faldas siempre inquietas y nerviosas. Recuerdo que se levantaba muy temprano, antes que el propio día y, sin pensárselo dos veces, se acercaba hasta nuestra enorme cocina a prepararse su cafecito porque "mi niña, yo sin mi café recién despierta no soy persona", me decía. Era su momento, ese instante de mágica soledad buscada que todos tenemos o del que todos deberíamos disfrutar para sentarnos un rato a conversar con nosotros mismos.
Luego se aseaba y comenzaba a ocuparse de todos nosotros. Preparaba el desayuno del resto de la familia y, cuando los adultos ya se habían marchado a sus quehaceres diarios, ella se enfrascaba en comenzar a preparar la comida del día y, sobre todo lo demás, se dedicaba a su niña, es decir, a mí.
Recuerdo cómo me lavaba y bañaba y cómo me secaba más tarde con esas toallas que, entonces, no conocían de borreguitos ni de mimosines varios que las suavizaran. Para terminar, los tirones de pelo al peinarme. Mucha gente me dice ahora que si tengo los ojos tan grandes es por cómo me peinaba ella cada día: el cabello quedaba tan tirante hacia atrás que creen que ésa es la causa por la que mi mirada se convirtió en la que hoy es.
¡Cómo cocinaban esas manos! A su vera aprendí lo poco o mucho que sé de cocina. Ella fue quien me enseñó a dar el sabor justo, a crear arroces, carnes, pescados, legumbres, con los que los demás se chuperreteen cada uno de sus dedos.

Recuerdo cuando me iba a buscar al cole y durante los meses de Mayo de mi infancia corríamos, presurosas al mediodía y por la tarde, para llegar las primeras a la sesión de guiñol y títeres en el entonces único parque de la ciudad. Os confesaré algo: estaba locamente enamorada de Gorgorito, mi héroe de pasta de papel y tela. Asido siempre a su estaca de madera que, incansable e incombustible, luchaba contra el ogro y contra la bruja Ciriaca por defender a su amada princesa Rosalinda. Los maestros de títeres ya nos conocían de ir año tras año y, siempre, alguno de sus personajes se dirigía en algún momento de la función a la niña gordita de la primera fila. Entonces yo me sentía la reina del lugar y la volvía a mirar a ella, llena de amor y de admiración.
Acabo de darme cuenta en este preciso momento de que todos los acontecimientos importantes en cualquier vida, ella los vivió antes de tiempo. Al menos hasta ahora así ha sido.
Se casó con diecisiete años. Fue madre con 18. Abuela con cuarenta y dos. Viuda con 48 y enfermó con sesenta y seis de un modo crónico y degenerativo.
Recuerdo que era guapísima y aún sigue siéndolo. Muchos de nuestros conocidos y amigos la llamaban "La Lollo" porque decían que era calcadita a Gina Logobrigida. No le faltaban pretendientes y podía haber rehecho su vida junto a otro hombre, pero sus palabras siempre eran las mismas: "¿yo casarme con un viejo al que no conozco de nada?, quita, quita. Una cosa es envejecer juntos y otra muy distinta unirme a un viejo ahora y aguantarle la tos de las mañanas y las manías. Además tu abuelo era tan guapo (lo cual era del todo cierto) que no he visto nunca a ningún otro que le pueda hacer sombra"...Así que se dedicó a nosotras.
Me encantaba estar con ella. A su lado me lo pasaba bomba. Fue con ella con quien me subí en avión por vez primera con menos de dos años. Era con ella con quien dormía en las habitaciones de los hoteles durante nuestros numerosísimos viajes. Fue su mano la que siempre me agarraba fuerte cuando llegábamos al final de la cola de un cine e, inexplicablemente, comprábamos las entradas las primeras: ¡jamás he visto una capacidad tal para colarse delante de las mismas narices del resto del personal!
Hace menos de una hora la llamé por teléfono. Aún me reconoce aunque su cerebro y su cuerpo enfermos se hayan empeñado en acabar con la mujer que fue. Le he cantado el cumpleaños feliz y le he hecho reir diciéndole las locuras que se me ocurren y que siempre provocan su sana carcajada. Estaba contentísima, acompañada por mis padres en el día en que cumple 79 años.
Ahora, desde estas líneas virtuales sólo me resta decirte que siempre te llevo conmigo. Las canciones que me enseñaste siguen dentro de mí esperando para serle susurradas a la niña con que sueño. Tu presencia en mi vida es en gran parte la culpable de que me haya convertido en la mujer que soy.
¡Gracias por todo lo que me has dado!¡Gracias por cuidarme tan bien y por amarme tanto!¡Gracias por regalarme tu vida y tu tiempo!
Hoy, cuando la tristeza se empeña en arrinconarme en la esquina del olvido, vuelvo a rebuscar entre los cajones polvorientos de mi memoria y me descubro ante esa frase que tanto me repetías: "tú vales mucho mi niña, vales más que Santa Cruz entero, así que date a valer porque todo el oro del mundo a tu lado no es nada".
¡Feliz cumpleaños, abuela!¡Te quiero mucho!










54 dijo
Muchas felicidades para tu abuela.
Yo ya no tengo y las echo muchísimo de menos.
Disfruta de ella todo lo que puedas.
25 Julio 2006 | 06:48 PM