A veces la vida me sorprende con viajes sólo de ida y sin vuelta posible. A veces, cuando menos te lo esperas, te sucede algo que echa por tierra todos tus planes, creando de la nada, un mundo nuevo. A veces nos falta valentía para sentarnos a disfrutar de esas nuevas circunstancias, que transforman y trastornan nuestra esencia, descubriéndonos un nuevo tipo de felicidad.

A veces no existen lágrimas que consigan acallar el aleteo constante y nada sutil de millones de mariposas estomacales. A veces presientes que el final se acerca hasta que se planta frente a tus ojos y te preguntas: ¿acaso hubo un principio?. A veces recuerdo cuando, en mi adolescencia afirmaba, tozuda, que más valía NUNCA que TARDE.

A veces no te queda más remedio que acatar la decisiones ajenas aunque te supongan una pérdida parcial de tu propio ser. A veces me pregunto si dentro de una semana me recordarás como un simple cruce de cables pasajero. A veces el destino teje intrincados vericuetos para que nos entretengamos en recorrerlos y, así, aprender más y conocernos mejor.

A veces creo que no podré seguir sin sentirte junto a mí. A veces te acordarás de mí cuando estés junto a ella y suspirarás. A veces el silencio deja mudo al tic-tac del corazón.

A veces me enfado con los cielos por las pruebas que pone en mi camino hasta que me doy cuenta de que soy una privilegiada por vivirlas. A veces soñarás con mis labios acariciándote y con mis ojos confirmándote lo que ya sabes y sientes. A veces un mail se convierte en un torrente de sensaciones y, otras, se transforma en un infierno de vacío.

A veces una palabra, un gesto, un silencio o una sonrisa nos llevan a descubrir que los sueños son reales y tienen nombre y apellidos. A veces travisto este blog en la voz de mi alma. A veces entras a él buscando saber nuevas cosas de mí.

A veces lamento que internet no se hubiese inventado quince años antes. A veces escucharás alguna canción o verás alguna rosa que te arrastrará a volverte a sentar a mi lado. A veces nos creemos esenciales para otr@s y ell@s nos sorprenden fabricando nuevas distancias que nos alejen.

A veces tú no quieres darte cuenta de que las cosas suceden por alguna razón determinada y prefieres continuar ciego. A veces creemos que la vida ha de ser una línea recta y nos olvidamos de que vivimos en un universo donde la circunferencia es la emperatriz. A veces los anchos y altos muros de un lugar lagunero se me antojan la única puerta hacia mi felicidad.

A veces me gustaría volver a ser la niña regordeta que disfrutaba de cada segundo vivido. A veces es necesario parar, frenarse, sentarse a la vera del camino y descansar. A veces sentirás que te equivocaste y puede que así haya sido.

A veces nos agarramos a la costumbre, a la lógica, al cariño y a la responsabilidad como tablas de salvación ante la abrumadora y tangible VERDAD. A veces te molestará leerme. A veces aún sueño con la posibilidad de luchar junto a ti.

A veces pienso que no sentir sería más cómodo. A veces te preguntarás "¿por qué?" y tal vez deberías preguntarte "¿por qué no?". A veces las ramas no dejan ver el bosque, pero ¿acaso no son ellas las que le dan vida al propio bosque?.

A veces tengo ganas de mandarlo todo a la mierda. A veces nuestros días no son más que una prolongación de nuestras noches negras. A veces sales corriendo con el fin de negar lo innegable.

A veces me paro a pensar que quizá todo esto se nos venga repitiendo una y otra vez desde hace milenios y sólo cesará cuando ambos nos decidamos a vivirlo plenamente. A veces, sentado en tu mesa de trabajo, imaginarás que se abre la puerta y me hallo frente a ti. A veces somos tan cobardes como enamorados estamos.

A veces me veo a mí misma dejando de amarte.
A veces te veo a ti mismo dejando de quererme.
A veces no existen a veces porque el amor no entiende de a veces.