ANOCHE SOÑÉ CONTIGO...
Anoche soñé contigo y te veías bien. Lejos de nosotros comenzabas una nueva vida rodeado por decenas de los tuyos. En mi dolorosa consciencia te había imaginado junto a mi amado Sabius, haciendo uso de él. Te hacía junto a todos los que te precedieron, pero no era así: habías trazado un nuevo camino.
Llegaste a mi vida hace más o menos un año. Fuiste el segundo en romper el cascarón y te vi tan pequeñín e indefenso que te bauticé como "Nano". Junto a tu hermano, te convertiste en el amo y señor del nido desde el que trinabas, exigente, reclamando el alimento a tu madre, que era la encargada de ti.
Acompañaste a "Coji" hasta que sentiste la llamada del exterior y, pese a que, no contaste con su ejemplo porque sus maltrechas patas, le empujaban a permanecer dentro de la caja de madera, te lanzaste a conocer el mundo que os esperaba a ambos fuera de la seguridad hasta entonces vivida...Y de hermano menor pasaste a ser guía y maestro del minusválido primogénito. Así que, una mañana, tu continuo reclamo le obligó a asomarse fuera y, de ese modo, pasar a ser todo un señor pollo, como tú.
Pero no fue fácil. Coji tenía una tara genética que no le permitía agarrarse a una percha como cualquier otro pájaro y tuvimos que separaros porque corría el riesgo de ser atacado por vosotros al ir creciendo y no reconocerlo como miembro de vuestro clan. Os compré dos jaulas enormes. La mayor, para ti y tus padres. La menor, pero igual de grandiosa, para Coji, con el fin de que pudiese volar dentro de aquel espacio novedoso. Adosamos ambas jaulas por una cara y, así, podíais observaros y sostener esas dicharacheras charlas que tanto os gustaban.
Los días fueron pasando y fui enseñando a Coji todo lo necesario para ser independiente: a comer, a beber, a jugar, a volar, a trepar...Y tú nos observabas mientras jugabas con tus aros y tu pelota. Recuerdo cómo cada día, a la misma hora, la agarrabas con el pico y comenzabas a zarandearla a lo largo de toda la percha, locamente divertido.
Ambos fuisteis creciendo felices, sanos, diferentes, alegres, hasta el pasado día 3...
Ya sabes que, a veces, me suceden "cosas extrañas" y, a partir, de la sobremesa del día 2 tuve una sensación negativa: algo malo iba a pasar, estaba casi segura. Sentí que ocurriría algo a nivel general, nacional, algún accidente o suceso luctuoso y, al instante sentí que, además de ello, podría suceder algo triste que también me afectase de forma directa, personal...Lamentablemente no me equivoqué y, además del dantesco suceso del metro valenciano, en la madrugada del pasado lunes, cuando ya os hallábais durmiendo, un extraño trino nos descubrió tu precioso cuerpecito, tirado, sobre la arena de la jaula.
Cuando te recogimos, aún estabas caliente y, por más que intentamos una recuperación, no hubo forma alguna: ya habías tomado nuevos rumbos. Tu hermano y padres miraban, extrañados, mientras te lloraba. Cada uno de los animales con los que he tenido la suerte de convivir han pasado a ser parte de mi familia o, mejor dicho, he pasado a ser parte de las suyas y cada una de vuestras pérdidas ha supuesto la marcha de una parte de mí con vosotros.
Pasadas un par de horas, arrullados por el leve frescor de la cerrada noche, bajamos a enterrar tu cuerpo físico, aunque la fuerza que lo animó, lo que eres en realidad, lo que somos y perdura tras la venida de la muerte, ya no se hallaba aquí, dentro de ese lindo traje de nevadas plumas que te cubría hasta ese momento.
Sentí que, para entonces, tenías que hallarte ya junto a Sabius, ese frondoso y anciano árbol que preside el cielo de mis bichitos. Bajo cuya sombra duermen siestas, sobre cuyas ramas entonan trinos nuevos, alrededor de cuyo recio tronco y curiosas raíces juguetean perros, gatos, tortugas, canarios, gorriones, periquitos, conejos y hamsters con los que he compartido tiempo y vivencias. Junto a los que comparto recuerdos y sueños.
Sin embargo, la noche después de irte me mostraste en sueños lo feliz que te encontrabas en tu propio árbol, junto a centenares de los tuyos y, arrimándote a esa bellísima periquita amarilla que te observaba y te guiñaba el ojo de vez en cuando.
No era Sabius. No estaban los que te precedieron. No conocía a nadie más que a ti y, sin embargo, todo resultaba perfecto: tú, feliz, seguro, sano, enamorado, radiante y juguetón. Era tu propio cielo. Fuiste tú el que lo deseó y lo creó y me invitaste a hacerlo mío por unos instantes.
Desde entonces Sabius además de "conocer" sabe lo que es "sentir" y, por eso, todos te damos las gracias, porque nos enseñaste que no existe mejor cielo que el que cada uno busca, desea, se labra y alcanza.
Hasta siempre Nano. Sé feliz. Gracias por permitirme crecer junto a ti. ¡Nos veremos!































































































Señor Marqués dijo
JJEJjJeeJEj... Acabo de ver la cabecera de tu blog en la página de la coctelera... muy buena....
5 Julio 2006 | 11:47 PM