Hoy te vi. Hace sólo unos minutos que te conozco y, sin embargo, no sé ni tu nombre. Pero lo que sí sé es que, por siempre, permanecerás en mí.

Te trajo hasta aquí una cámara indiscreta de televisión. Entraste así, de repente, sin anunciarte, en mi cómodo hogar y tu figura, yacente, pareció brincar desde el monitor de imágenes de muerte y de sinrazón.

Pero no brincabas, no, no podías ni siquiera moverte. Eras un muñeco roto, tirado en el suelo, boca abajo, hierático, ajeno a todo lo que sucedía a tu alrededor. Junto a tu cuerpo, sentado, receptivo y consciente de todo, se hallaba un niño de unos 10 años, con una de las heridas purulentas más enormes que he podido ver en un pie. Les contaba a los periodistas que se debía a tanto caminar. A vuestro alrededor, mares de residuos, toneladas de basura, cadáveres, que os hacían las veces de mudos acompañantes y de insalubre colchón.

No comprendía cómo el inquisidor ojo del cameraman seguía clavado sobre el putrefacto pie de tu amiguito ni cómo los demás miembros de "Médicos Sin Fronteras" no recaían en tu presencia. A mí sólo me era posible ver tu oscura cabecita, caída sobre el sucio suelo, inmóvil, como si de un deshecho más se tratase. Entonces escuché la voz del otro lado del enfoque:

-"Et cet enfant?, est il vivant?" -preguntaba en su correcto francés.

El traductor le repitió la pregunta ya en su lengua materna y, fríamente, casi sin mirarte, el muchacho contestó:

-Lo abandonaron aquí hace días y desde entonces no se ha movido. Creo que sí está vivo porque a veces se queja y pide algo para comer porque tiene hambre.

Si te soy sincera, pensaba que ya no animabas ese amasijo de huesos. Creí que habrías continuado tu viaje en busca de ese amoroso y entregado pecho materno, henchido de leche, al que aferrarte y que, en esta ocasión, te había dejado tirado, a un lado del camino. Entonces se produjo un corte en la grabación y, a continuación, el plano cambió.

Un hombre adulto blanco se situó detrás tuyo. Sólo se veían sus piernas velludas y bien alimentadas. Te agarró por la parte más alta de tu brazo derecho, casi llegando al hombro y comenzó a levantarte, muy despacio. Al momento me dije que estabas muerto hacía días. Tu rigidez era extrema, hasta el punto de que me recordaste a los cadáveres carbonizados y retorcidos que asoman entre los restos de un accidente aéreo. Parecías un palo: tieso, duro y, sin embargo, tan quebradizo. Tenías los ojos cerrados y di gracias a los cielos porque supuse que habrías fallecido mientras dormías o que te habrías ido quedando inconsciente poco a poco. Pero justo en ese instante, sucedió.

Sin mover ni un sólo músculo por debajo de tu cuello, conservando aún la misma y obscena posición que poseías estando tirado sobre la pestilente tierra, abriste tus enormes ojos negros, poco a poco y no dejaste de hacerlo. Era el rostro del terror más absoluto el que se erguía frente a mí.

No pude más y rompí a llorar rota por la desesperación, la pena, la vergüenza, los remordimientos, el asco, la rabia, la desazón, la incredulidad y TU DOLOR.

El hombre te puso en pie y te sostenía puesto que tú ya eras incapaz de mantenerte por ti mismo. Puede que tuvieses cuatro o cinco años, pero no representabas más allá de 18 meses. Eras un bebé aterrorizado por el abandono, las ausencias, la incomprensión, la fatiga, el hambre y el dolor.
Tu boca, en un rictus de sumo pavor y de incontenible daño, no emitía ni el más mínimo sonido, mas todo tu cuerpo gritaba, increpado por los alaridos de tu alma.

No podía parar de llorar sobre mi mullida y cálida cama.
No podía comprender cómo habían podido hacerte algo así.
No podía entender por qué no te agarraban entre sus brazos, rápidamente y te llevaban, corriendo, hasta el dispensario más próximo.
No podía aceptar que, si quisiéramos de verdad, entre todos, cambiaríamos tu situación y la de millones como tú.
No podía parar de llorar porque yo también soy culpable de tu sufrimiento.

Lloré hasta vaciarme pidiéndote perdón en silencio.
Luego leí que te llevaron hasta un "hospital" de la zona y que te dejaron allí. Nunca más supieron de ti, pero daban por seguro que habrías muerto debido a tu estado tan lamentable.

No sabré nunca cómo te llamabas, pero para mí, desde esta noche eres AMOR.

Deseo que allá donde estés, sea por esa Ruanda tuya o por esos cielos nuestros, te encuentres sano, fuerte, ilusionado y vital.
Esta noche me diste una de las mayores lecciones que he recibido nunca desde el clamor mudo de tus temerosos ojos. Esta noche me enseñaste que se nos muere el AMOR más profundo y más puro cada vez que un par de ojos como los tuyos nos miran como tú me escudriñaste esta noche.

Gracias por existir, AMOR. Sé que esta noche no sólo removiste algo dentro de mí, sino que, de igual modo, habrás removido los corazones de muchos de los espectadores que se tropezaron contigo casi sin quererlo.

EL DOLOR DEL AMOR SIEMPRE ENSEÑA QUE NO SE PUEDE AMAR SIN DERRAMAR ALGUNA LÁGRIMA.

-----------------------------------------------

ESTADÍSTICAS DEL HAMBRE

-Alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre.

-Un 75% de los fallecidos son niños menores de cinco años.

-Hoy en día, un 10% de los niños de los países en desarrollo mueren antes de cumplir cinco años.

-La mayoría de las muertes por hambre se deben a desnutrición crónica. La hambruna y las guerras son causantes también de este mal.
Además de la muerte, la desnutrición crónica también causa discapacidades visuales, desgana, crecimiento deficiente y una susceptibilidad mucho mayor a padecer enfermedades. Las personas con desnutrición grave son incapaces de funcionar siquiera a un nivel básico.

-Se estima que unos 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre y desnutrición, una cantidad 100 veces mayor que el número de personas que mueren por esta causa al año.

-A menudo sólo se necesitan unos pocos y sencillos recursos para que la gente pobre pueda cultivar los alimentos necesarios para volverse autosuficiente. Estos recursos incluyen semillas de calidad, herramientas adecuadas y acceso al agua.

-Muchos expertos en el tema del hambre opinan que, a fin de cuentas, la educación constituye la mejor manera de reducir el hambre. La gente que tiene acceso a la educación cuenta con los mejores medios para salir del círculo de pobreza que causa el hambre.