La Santa Inquisición (II):

La Inquisición en América
---------------------------

Después del descubrimiento del Nuevo Continente por parte de Cristóbal Colón, la principal preocupación de los Reyes Católicos tiene sin duda un carácter a la vez espiritual y práctico: proteger sus nuevos dominios de la envidia y la ambición de sus vecinos europeos y prepararlos para que se instaure en ellos una cristiandad renovada.

De hecho, ya en Marzo de 1493, los monarcas españoles consiguieron del Papa una bula que les daba derecho a excluir de la Indias occidentales a los extranjeros y, en septiembre del mismo año, zarpaba de Cádiz la segunda flota de Colón. En ella iban doce religiosos y clérigos, encabezados por el benedictino Bernardo Boyl (o Buil), quien, al ostentar plenos poderes de la Santa Sede «como prelado y cabeza de la Iglesia en partes tan remotas», disponía evidentemente de la jurisdicción en asuntos de fe. Los Reyes cuidaban este aspecto, puesto que habían mandado que los miembros de la expedición (unas 1.500 personas) «fuesen cristianos viejos, ajenos de toda mala sospecha».

Desde los primeros viajes, existió en Indias, al menos en forma oficiosa, una Inquisición, es decir, la Inquisición ordinaria, propia de los obispos y superiores eclesiásticos.

Pero la defensa de la fe no siempre se compaginaba con la política de colonización y de población. Por eso, la legislación sobre la entrada de extranjeros en las Indias es en extremo fluctuante.

Desde las mismas Antillas, ya en 1517 , llegaban peticiones para que se diese libre acceso a todos los extranjeros y en 1524, 1531 y 1534, Carlos I concede varias ordenanzas en tal sentido, con limitaciones mayores o menores.
En 1508, los procuradores de la Española suplicaban que se mandara salir de la isla a todos los descendientes de judíos y moros y condenados por el Santo Oficio «que ahora en ella están», pero Fernando el Católico -con preocupaciones muy distintas- emprendía entonces negociaciones financieras con ciertos conversos de la Península y otorgaba, en 1511, el libre acceso a las Indias de todos los naturales de sus reinos sin pedirles información.

Con autorización o sin ella, pasaban, pues, al Nuevo Mundo muchos de los < >. El comercio de licencias y testimonios falsos se volvió floreciente en Sevilla. Otros se embarcaban como miembros de la tripulación y luego se quedaban en América.

Entonces Cisneros, que asume en 1517 el cargo de inquisidor general y de regente, concede a los prelados de Indias no sólo el poder de inquisidores ordinarios, sino también el de inquisidores apostólicos, delegados del Santo Oficio, con todas sus prerrogativas, hasta la de relajar al brazo secular.

Los primeros en ejercer tamaña autoridad fueron el obispo Manso, en Puerto Rico (1520) y fray Pedro de Córdoba, vicario general de los dominicos, en la Española. Aquél no anduvo ocioso y, en 1523, organizaba un auto de fe en el que fue «relajado al brazo seglar» Alonso de Escalante, «hereje condenado», quizá el primer reo de muerte de la Inquisición americana. Sus bienes quedaron a disposición del fisco real.

¿Qué necesidad había entonces de instaurar en Indias tribunales del Santo Oficio? La pregunta podría invertirse: ¿Por qué no implantar la Inquisición en América? Si los nuevos territorios eran como una continuación de Castilla y de España, resultaba normal y lógico que pudiesen establecerse en ellos los mismos tribunales que en la Península, tal como se hizo en Canarias, por ejemplo.

En la época en que los gobiernos establecidos consideraban la unidad de la fe religiosa como base de su política, el tribunal del Santo Oficio, que gozaba en España de un poder que ni siquiera se detenía ante los miembros de la familia real, fue encargado en América de la policía de costumbres, de reprimir los extravíos de una mística irrefrenada, de extirpar todo retoño del islamismo y del judaísmo, que habían sido eliminados de la metrópoli, y de impedir la entrada del protestantismo en las nuevas tierras. Sin embargo, su instalación en América no fue inmediata a la conquista.

Jiménez de Cisneros dio ciertos poderes inquisitoriales a los obispos de Indias en 1517, cuando le fueron denunciados crímenes y delitos de herejía y de apostasía, pero la inquisición peninsular se negaba a delegar sus facultades y pedía que le fuesen remitidos los reos desde las Antillas.
La primera designación legal fue la hecha por el inquisidor Adriano en favor del obispo de Puerto Rico, Alonso Manso, en 1519.

El Santo Oficio tuvo tres centros en América: el de México, el de Lima y el de Cartagena(Colombia).

En tiempos del arzobispo Zumárraga(1527-1548) se celebraron autos de fe en México, con 131 procesos(13 contra indios).
En uno se reconcilió Andrés Marván, acusado de luteranismo; en otro se reconcilió el judaizante Francisco Millán y en otro fue condenado el cacique de Tezcoco, Carlos Chichicatécotl, acusado de sacrificios humanos a los dioses aztecas.
La muerte del cacique de Tezcoco preocupó al inquisidor general en España, que ordenó una revisión del proceso, y fray Zumárraga recibió advertencias sobre el trato a los indios, contra los cuales se procedió desde entonces con más benignidad, hasta excluirles del todo, más tarde, "por ser nuevos en la fe, gente flaca y de poca sustancia".

En México comenzó a funcionar el tribunal de la Inquisición, ya formalmente constituído en aquel lugar, en noviembre de 1570. Los primeros procesos fueron hechos a extranjeros acusados de luteranismo. De 30 ingleses pertenecientes a la expedición de Juan Hawkins, dos o tres fueron quemados, otros condenados a azotes y siete a servir en conventos. El 8 de diciembre de 1596 los penitenciados sumaban 66, de los que se reconciliaron 22 judaizantes y fueron quemados nueve en persona y diez en efigie.
El más aparatoso de los autos de fe, culminación del período más activo de la Inquisición en Nueva España, fue el del 11 de abril de 1649, con 109 penitenciados y 13 relajados en persona, de los cuales sólo uno murió en la hoguera, Tomás Tremiño de Sobremonte. No todos los relajados iban a la hoguera, a algunos, por circunstancias atenuantes, se les daba garrote, instrumento usado para los condenados a muerte.

Las Cédulas de Felipe II autorizando el establecimiento del Santo Oficio en América fueron firmadas a principios de 1569 y a mediados de 1570. A fines del siglo XVII comenzó el declive de este organismo. Su actividad decayó en el XVIII y fue suprimido a principios del siglo XIX.

Según José Toribio Medina, del análisis de unas 1.500 causas juzgadas por el Santo Oficio en América, se especifican los siguientes casos: 243 por judaizantes, 5 por moriscos, 65 por protestantes, 298 por bígamos, 40 por aberraciones sexuales, 140 por herejía, 97 por blasfemia, y 172 por brujería.

En Lima se estableció el Santo Oficio también en 1570, unos meses antes que en México. Chile y Buenos Aires estaban sujetos a la jurisdicción del Santo Oficio peruano.
El tribunal limeño organizó vastas redadas contra los protestantes y los portugueses acusados de judaísmo.

En 1581 procedió contra Juan Oxemham. Enrique Oxley fue quemado el 5 de abril de 1592. Los hermanos Tiller fueron salvados de las llamas y ejecutados por garrote. Nueve de los doce marinos de Tomás Cavendish, capturados en Chile, fueron colgados, los restantes se reconciliaron.
Durante los 230 años que funcionó la Inquisición en Lima sólo hubo 30 relajados, y de ellos no murieron en las llamas más de 15.

Del tribunal de Cartagena dependían los arzobispados de Santa Fe y de Santo Domingo y los obispados de Cartagena, Panamá, Santa Marta, Popayán, Venezuela, Puerto Rico y Santiago de Cuba.
Comenzó sus tareas en 1611 y procedió generalmente en causas de brujería, blasfemia y bigamia y los autos graves, como el que llevó a la hoguera al inglés Adán Haydon, fueron muy raros.

La población colonial protestó con frecuencia de los procedimientos del Santo Oficio y por otra parte las autoridades y el clero se quejaban de su ineficacia.

La enorme extensión de los territorios comprendidos dentro de las jurisdicciones de los tres tribunales del Santo Oficio hizo que las causas demorasen a veces muchos años y entre tanto los acusados tenían que permanecer en las prisiones de la Inquisición.

En la época del enciclopedismo y del libre pensamiento, el Santo Oficio habría encontrado amplio campo de acción, pero cuando esa ideas penetraron en América por los más diversos caminos, la Inquisición había perdido su omnipotencia y sus intervenciones se volvieron cada vez más raras.

Se destacó en sus últimos años como un mero instrumento de dominación política.