¿QUÉ HABRÁ SIDO DEL BUDA RAM?

Llevo días acordándome del Buda Ram. Hace tiempo que no sé nada de él. A lo mejor os suena. El pasado mes de enero tenía 16 años y cuentan que llevaba ocho meses sin comer ni beber. Meditando.
A veces me gustaría quedarme así, aparentemente inmóvil, como él. En este momento, por ejemplo, cuando me inquietan varias cosas que, miradas en un contexto más amplio, pueden llegar a resultar hasta absurdas. ¿Cómo será de amplio el contexto de Ram? ¿Por dónde fluirán sus razonamientos? ¿Le parecerán nuestras mediocres vidas tan vacías como suponemos?

Sinceramente, creo que ni siquiera piensa un segundo en los demás. Si como supongo, no piensa ni en su familia, mucho menos en el resto del mundo. Está pensando en sí mismo. ¿Existe algo realmente importante fuera de uno mismo? Si lo pensamos bien, ¿existe algo que no sea uno mismo?
El joven Ram se escapó al bosque después de avisar a su familia de que necesitaba seis años de meditación. Cuando su madre vino a buscarle le dijo: "si no dejáis de molestarme serán veinte años en lugar de seis".
En Enero, tras 8 meses de meditación, tuvieron que vallar el arbol dónde se encuentra porque los devotos le tocaban, le pellizcaban. Ram solamente habló el día 65 para decir que le habían picado dos serpientes y que quería que se celebrara un festival religioso en ese lugar. También accedió a cambiarse de ropa.

Santa Raj Subedi, jefe del gobierno oficial en el distrito de Bara, solicitó a la capital, Katmandú, asistencia para lidiar con el flujo de visitantes y un equipo de científicos para examinar el caso.
Doctores locales no consiguieron llegar a una conclusión final, a pesar de que está permitido que permanezcan a muy corta distancia del místico muchacho, declarando que ellos no podrían confirmar nada a no ser que continúa vivo.
La popularidad del fenómeno se ha debido en parte a que se asemejaba a un episodio en la vida del histórico Buda, que nació a 160 millas del lugar. El Buda consiguió la iluminación cuando meditaba bajo una higuera después de 49 días. Ram Bomjon está también sentado bajo una higuera, en la misma postura en la que Buda es descrito, pero su vigilia se ha prolongado mucho más. Para mayor énfasis, la madre del chico se llama como la de Gautama Buda, Maya Devi y algunos han visto aquí un signo insoslayable de que el destino está jugando sus cartas.
En la espiritualidad budista que se desarrolló alrededor de los himalayas no es infrecuente que un renunciante se retire a una cueva aislada a meditar, desnudo y prácticamente sin comida, hasta que, mucho tiempo más tarde, alguien le recoge y le atiende durante su recuperación.
Lo normal es que, después de esta dura prueba, que jamás trasciende más allá de unos estrechos límites, el asceta se consagre al monacato en algún lamasterio.
De ser cierto lo que relatan los grandes meditadores budistas e hindúes, llega un momento en que la conciencia desborda los límites del cuerpo y se extiende por todo hasta hacerse infinita. El meditador vive entonces ajeno al mundo, nada le afecta, no siente el calor, ni el frío, ni el hambre, ni el tiempo.
Se encuentra en un estado de bienestar y conocimiento inefables que no desea abandonar. Visto desde el lado terrenal, su cuerpo puede parecer una miseria, pero en su interior sólo habita la dicha. Cuando vuelve a la vida es un ser iluminado, a quien nada afecta.
Lo que es indudable es que la increíble hazaña del pequeño buda plantea un apasionante reto a los científicos y a los racionalistas. No se trata ya sólo de saber si una persona puede vivir tanto tiempo sin comer o beber. En condiciones normales, ya sabemos que no, pero ¿dónde están los límites de la resistencia humana? ¿Y si los efectos de la meditación profunda pudieran llevar el cerebro a un estado de suspensión de toda actividad, reduciendo al mínimo el consumo de energía, como ocurre con algunos animales durante la hibernación?¿No se dice a menudo que la fe obra milagros?
En una cultura que ha dado al mundo los Upanishads, el Ramayana o el Bhagavad Guita, los milagros son cosa cotidiana, algo que tiene que ver con otras dimensiones de la conciencia y supera de largo las limitaciones de lo conocido.

Aún le quedan más de cinco años de meditación. El único cambio en esos 8 meses fue que le habían crecido el cabello y las uñas. Ram debe hallarse en un estado de conocimiento total y felicidad que no desea abandonar. ¿Pasará hambre, frío calor, dolor, aburrimiento? ¿Sentirá tristeza, alegría, miedo, amor? ¿O simplemente no siente nada externo a su propia esencia?
A veces me gustaría ser como Ram.











tara dijo
La verdad es que cuando leí esa historia de este chico,me fascinó,pero claro nosotros no somos tan espirituales como por allí,aqui pensamos en la casa por pagar,el cole de los niños,la nevera llena,la ropa,aunque sea de rebajas,y tantas cosas que nos atan a lo material,que eso no se une con lo espiritual,pero sería bonito dedicarse solo a meditar,un saludo
9 Marzo 2006 | 07:53 PM