23-F: 25 ANIVERSARIO DEL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO
¿DÓNDE ESTABAS TÚ?

Dentro de unas horas se cumplirán 25 años del último intento público de golpe de estado militar en este país nuestro.
Puede que muchos de vosotros fuérais tan pequeños que no lo recordéis o, incluso, es posible que ni hubiérais nacido para cuando sucedió el hecho. Los que superamos la treintena seguro que, de algún u otro modo, lo retenemos en algún cajón de nuestra memoria. Así que os voy a relatar con lo que yo me encuentro al abrir, de nuevo, esa polvorienta gaveta.
Lo recuerdo todo perfectamente...

Recién salida del cole, aún con mi uniforme azul y blanco, agarré una de las sillas de la cocina y me senté. El transistor a mi diestra sobre el floreado mantel. Una hoja cuadriculada del cartapacio pequeño sobre el blanco salvamantel y un boli de tinta azul entre los rollizos dedos de la mano derecha. No me preguntéis cómo es posible que una niña de poco más de 11 años tome notas de las votaciones del Congreso. Digamos que siempre he sido muy rarita y además en esa ocasión se votaba algo importante: la candidatura como Presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo.
Yo anotaba y anotaba mientras radiaban los diferentes votos y, de pronto, se escucharon voces, murmullos, jaleo y el silencio por parte del locutor. A continuación y en un tono más bajo de lo normal comenzó a decir "guardias civiles están entrando en el Congreso". Agitación, caos, desorden y tiros.
Mis ojos, abiertos como platos, vuelven a cerrarse recuperando su tamaño habitual al escuchar cómo mi mandre lanza un cacharro al fregadero y sale corriendo por el pasillo gritando "¡un golpe de estado, un golpe de estado!". Yo no entiendo nada y me río y salgo detrás de ella preguntando qué es lo que sucede.

Comprendo que la cosa es seria cuando les escucho hablar y veo cómo se lanzan al teléfono en aquellos años en los que sólo había un teléfono góndola situado o, en el recibidor de la vivienda, o en una mesita del salón-comedor. Mi tío desde Radio Nacional nos informa de que parece algo grave. Marisa, una de las íntimas de mi madre, ya está en el sindicato quemando papeles. Mi padre aún no ha llegado y nosotras nos encerramos en casa pertrechadas de pilas, transistores, velas, cerillas y pegadas a la única tele que había.
Mi abuela no dejaba de persignarse. Mi madre caminaba, lívida, por el pasillo hasta que, de pronto, apareció mi padre preguntando qué había pasado, que las calles están vacías. Aquella fue mi primera noche pegada a la radio. Me acosté con el transistor pegado a mi oído hasta que Morfeo me arrastró hacia su guarida.
A la mañana siguiente todo seguía igual, así que escondí el aparatejo en mi bolsa del cole y lo metí en mi pupitre. Cada dos por tres intentaba escucharlo hasta que "la señorita Mercedes", en plena clase de Lenguaje me pilló y me lo requisó con gran disgusto y enfado por mi parte.

Recuerdo volver por la tarde a casa y que mi madre, sin quitarme el uniforme porque no había tiempo, me embutió en su abrigo de cuero, largo, negro, abrochándome hasta el último botón porque íbamos a manifestarnos y no debían reconocer el uniforme del colegio de monjas. Eran otros tiempos, sin lugar a dudas. Así que me manifesté, orgullosa, altiva, tozuda, nerviosa, silente, porque el novel proceso democrático siguiese su curso tal y como parecía desear la mayor parte de la población española.
Recuerdo las imágenes de los tanques por las calles valencianas.
Recuerdo el pavor de los padres cuyos hijos se hallaban en esos días haciendo la obligatoria mili.
Recuerdo los rumores que decían que ya habían asesinado a Carrillo, a González y a Suárez.
Recuerdo el discurso del Rey.
Recuerdo la salida de una taquígrafa embarazada. Recuerdo a los guardias civiles, ya rendidos, saltando por una ventana.
Recuerdo que teníamos sueños...































































































Jose dijo
En mi casa recuerdo perfectamente a mi madre fuera de sus casillas, y que mi padre estaba en Bilbao (Central Nuclear de Lemóniz) nosotros en Burgos. Y el viaje que iba a ser en el día,le pillo allí y mi madre y todos pasamos la noche sin dormir. Hasta que llegó mi padre a casa. Lo úinico que a mi me calmaba es que aquella noche recuerdo que pusieron por la noche dibujos animados, pero fué la única vez que no me gustaron.
Por cierto reportera desde los 11!!! eres increible Clito, tu y tu memoria.!!!!!!
23 Febrero 2006 | 10:54 AM