ALQUIMIA: ¿CIENCIA, ARTE, FILOSOFÍA?
Hoy inicio, con este post, la edición de una serie de monográficos sobre temas que me apasionan.
Puede suceder que no compartamos "pasiones" y os puedan parecer excesivamente densos y largos. Intentaré darles el dinamismo suficiente como para convertir en atractiva su lectura sin que ello suponga restarle la calidad debida a cada texto.
Comienza pues, esta nueva singladura bloguera entre elementos, creencias, pensamientos y sueños. Para todos vosotros, con cariño...
LA ALQUIMIA
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La alquimia es una antigua práctica protocientífica que combina elementos de la química, la física, la astrología, el arte, la semiótica, la metalurgia, la medicina, el misticismo y la religión. Muchos alquimistas persiguieron tres metas fundamentales.
La primera y más famosa era la transmutación de metales comunes en oro o plata. También intentaron crear la panacea universal, un remedio que curaría todas las enfermedades y prolongaría la vida indefinidamente. La clave de estas metas era la piedra filosofal, esta sustancia mítica, que podía ser polvo, líquido o bien una piedra y tenía el poder de lograr ambas cosas. La tercera meta de los alquimistas era crear vida humana.
La alquimia puede ser considerada como la precursora de la moderna ciencia química antes de la formulación del método científico.
La palabra alquimia procede del árabe al kimiya o al khimiya y está formada probablemente del artículo al- y de la palabra griega khumeia, que significa "echar juntos", "verter juntos", "soldar", "alear", etcétera (de khumatos, "lo que se vierte", "lingote"). En la Edad Media se solía usar la expresión ars química.
La percepción común de los alquimistas es que eran pseudocientíficos que intentaban convertir el plomo en oro, creían que toda materia está compuesta de los cuatro elementos básicos (tierra, aire, fuego y agua) y se movían en los bordes del misticismo y la magia.
Para el alquimista, no había razón de peso alguna para separar la dimensión química (material) de la interpretativa, simbólica o filosófica. En aquella época una física desprovista de significado metafísico habría sido tan parcial e incompleta como una metafísica desprovista de manifestación física. Así que los procesos y símbolos alquímicos solían tener tanto un significado interno referido al desarrollo espiritual del profesional como un significado material conectado a la transformación física de la materia.
Los alquimistas creían que todo el universo tendía a un estado de perfección y el oro, debido a su inmunidad a la descomposición, se consideraba la más perfecta de las sustancias. Intentando transmutar metales básicos en oro estaban intentando echar una mano al universo.
Hasta el siglo XVIII la alquimia fue considerada una ciencia seria en Europa: por ejemplo, Isaac Newton dedicó considerablemente más tiempo y escritos al estudio de la alquimia que a la óptica o la física. Otros eminentes alquimistas del mundo occidental son Roger Bacon, Santo Tomás de Aquino, Tycho Brahe, Thomas Browne y Parmigianino.
El declive de la alquimia empezó en el siglo XVIII con el nacimiento de la química moderna, que proporcionó un marco más preciso y fiable a las transmutaciones materiales y la medicina, dentro de un nuevo diseño general del universo basado en el materialismo racional.
La transmutación de la materia, antiguo ideal de la alquimia, disfrutó de un momento dulce en el siglo XX cuando los físicos lograron convertir átomos de plomo en átomos de oro mediante reacciones nucleares. Sin embargo, los nuevos átomos de oro, al ser isótopos inestables, resistían menos de cinco segundos antes de desintegrarse.
Historia
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La alquimia comprende varias tradiciones filosóficas abarcando cerca de cuatro milenios y tres continentes, y su general predilección por el lenguaje críptico y simbólico hace que resulte difícil trazar sus mutuas influencias y relaciones "genéticas".
Pueden distinguirse al menos dos tendencias principales, que parecen ser ampliamente independientes, al menos en sus primeras etapas: la alquimia china, centrada en China y su zona de influencia cultural, y la alquimia occidental, cuyo centro se ha desplazado a lo largo del tiempo entre Egipto, Grecia y Roma, el mundo islámico y, finalmente, de nuevo Europa.
La alquimia china estaba íntimamente relacionada con el Taoísmo, mientras que la alquimia occidental desarrolló su propio sistema filosófico, con conexiones sólo superficiales con las principales religiones occidentales. Aún está abierta la cuestión de si estas dos ramas comparten un origen común, o hasta qué extremo se influyeron una a la otra.
Alquimia y astrología
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La alquimia en Occidente y otros lugares donde fue ampliamente practicada estaba (y en muchos casos aún está) íntimamente relacionada y entrelazada con la astrología tradicional al estilo griego-babilónico. En muchos sentidos fueron desarrolladas para complementarse una a la otra en la búsqueda del conocimiento oculto. Tradicionalmente, cada uno de los siete planetas del sistema solar que conocían los antiguos estaba asociado con, ejercía el dominio sobre, y gobernaba un determinado metal.
La lista de gobiernos era la siguiente:
.-El Sol gobernaba el Oro
.-La Luna, la Plata
.-Mercurio, el mercurio
.-Venus, el cobre
.-Marte, el hierro
.-Júpiter, el estaño
.-Saturno, el plomo
Algunos alquimistas/astrólogos modernos asocian obviamente:
.-Urano con el uranio
.-Neptuno, neptunio
.-Plutón, plutonio
La alquimia china
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Mientras la alquimia occidental terminó centrándose en la transmutación de metales corrientes en otros nobles, la alquimia china tuvo una conexión más obvia con la medicina. La piedra filosofal de los alquimistas europeos puede ser comparada con el gran elixir de la inmortalidad perseguido por los alquimistas chinos. Sin embargo, en la visión hermética, estas dos metas no estaban desconectadas, y la piedra filosofal era con frecuencia equiparada a la panacea universal. Por tanto, las dos tradiciones pueden haber tenido más en común de lo que inicialmente parece.
La pólvora negra puede haber sido la invención más importante de los alquimistas chinos. Descrita en textos del siglo IX y usada en fuegos artificiales en el siglo X, fue usada en cañones sobre 1290. Desde China, el uso de la pólvora se extendió a Japón, los mongoles, el mundo árabe y Europa. La pólvora fue usada por los mongoles contra los húngaros en 1241, y en Europa a partir del siglo XIV.
La alquimia china estaba estrechamente conectada a las formas taoístas de medicina, tales como la acupuntura y la moxibustión, y a artes marciales tales como el Tai Chi Chuan y el Kung Fu (aunque algunas escuelas de Tai Chi creen que su arte deriva de las ramas higiénica o filosófica del Taoísmo, no de la alquímica).
La alquimia india
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Poco se conoce en Occidente sobre el carácter y la historia de la alquimia india. Un alquimista persa del siglo XI llamado al-Biruni informó que "tienen una ciencia similar a la alquimia que es bastante peculiar, a la que llaman Rasavatam. Significa el arte que está restringido a ciertas operaciones, drogas, compuestos y medicinas, la mayoría de los cuales proceden de plantas. Sus principios curan a aquellos enfermos que estaban desahuciados y devuelven la juventud a los marchitos ancianos." El mejor ejemplo de texto basado en esta ciencia es el Vaishashik Darshana de Kanad, quien describió una teoría atómica cerca de un siglo antes que Demócrito.
La alquimia en el antiguo Egipto
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Los alquimistas occidentales generalmente situaban el origen de su arte en el Antiguo Egipto faraónico. La metalurgia y el misticismo estaban inexorablemente unidas en el mundo antiguo, pues la transformación de oscuro mineral en brillante metal debe haber parecido ser un acto de magia gobernado por misteriosas leyes. Se afirma pues que la alquimia era en el Antiguo Egipto el dominio de la clase sacerdotal.
La ciudad de Alejandría en Egipto era un centro de saber alquímico, y retuvo su preeminencia incluso tras el declive de la antigua cultura egipcia, durante la mayor parte de las eras griega y romana. Desafortunadamente, casi no se han conservado documentos egipcios originales sobre alquimia. Estos escritos, si existieron, probablemente se extraviaron cuando el emperador Diocleciano ordenó la quema de libros alquímicos tras sofocar una revuelta en Alejandría (296), que había sido un centro de alquimia egipcia. Esta alquimia es conocida principalmente a través de los escritos de antiguos filósofos griegos, que a su vez han sobrevivido con frecuencia sólo en traducciones islámicas.
La leyenda cuenta que el fundador de la alquimia egipcia fue el dios Thot, llamado Hermes-Thot o Hermes Trimegisto ("Tres veces grande") por los griegos. Según la leyenda, éste escribió los llamados cuarenta y dos Libros del Saber, cubriendo todos los campos del conocimiento, incluyendo la alquimia. El símbolo de Hermes era el caduceo o vara de serpiente, que llegó a ser uno de los muchos símbolos principales de la alquimia. La "Tabla de Esmeralda" o Hermética de Hermes Trimegisto, de la que se sabe sólo por traducciones griegas y árabes, es normalmente considerada como la base de la filosofía y práctica alquímicas occidentales, llamada filosofía hermética por sus primeros seguidores.
La alquimia en el mundo griego
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Los griegos se apropiaron de las creencias herméticas egipcias y las mezclaron con las filosofías pitagórica, jonista y gnóstica.
La filosofía pitagórica es, esencialmente, la creencia en que los números gobiernan el universo, surgida de las observaciones del sonido, las estrellas y formas geométricas como los triángulos o cualquier cosa de la que pueda derivarse una razón.
El pensamiento jonio se basaba en la creencia de que el universo podía ser explicado a través de la concentración en los fenómenos naturales. Se cree que esta filosofía fue originada por Tales y su pupilo Anaximandro y posteriormente desarrollada por Platón y Aristóteles, cuyas obras llegaron a ser una parte integral de la alquimia.
Según esta creencia, el universo puede describirse por unas pocas leyes que pueden determinarse sólo mediante cuidadosas, minuciosas y arduas exploraciones filosóficas.
El tercer componente introducido a la filosofía hermética por los griegos fue el gnosticismo, una creencia -frecuente en el Imperio Romano cristiano e inmediatamente posterior- en que el mundo es imperfecto porque fue creado de manera imperfecta, y que el aprendizaje sobre la naturaleza de la sustancia espiritual llevaría a la salvación. Incluso creían que Dios no "creó" el universo en el sentido clásico, sino que el universo fue creado "de" él, pero se corrompió en el proceso (en lugar de corromperse por las transgresiones de Adán y Eva, es decir, el pecado original). Según las creencias gnósticas, al adorar el cosmos, la naturaleza o las criaturas del mundo, uno adora al Dios Verdadero. Los gnósticos no buscaban la salvación del pecado, sino que perseguían huir de la ignorancia, creyendo que el el pecado es meramente una consecuencia de ésta. También se absorbieron las teorías platónicas y neoplatónicas sobre los universales y la omnipotencia de Dios.
La alquimia en el Imperio Romano
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Los romanos adoptaron la alquimia y las metafísicas griegas, al igual que adoptaron gran parte de su conocimiento y filosofía. Al final del Imperio Romano la filosofía alquímica se había unido a las filosofías de los egipcios creando el culto del hermeticismo.Sin embargo, el desarrollo del Cristianismo en el Imperio trajo una línea opuesta de pensamiento, proveniente de Agustino de Hipo (354-430), un filósofo cristiano temprano que escribió sobre sus creencias poco antes de la caída del Imperio Romano. En esencia, él sentía que la razón y la fe podían ser usadas para entender a Dios, pero que la filosofía experimental era mala: "Hay también presente en el alma, por los medios de estos mismos sentidos corporales, una especie de vacío anhelo y curiosidad que pretende no conseguir el placer de la carne sino adquirir experiencia a través de ésta, y esta vacía curiosidad se dignifica con los nombres de conocimiento y ciencia." (Agustino, p. 245)
Las ideas agustinianas era decididamente antiexperimentales, si bien las técnicas experimentales aristotélicas no fueron rechazadas cuando estuvieron disponibles en Occidente. Aún así, el pensamiento agustiniano estuvo fuertemente arraigado en la sociedad medieval y se usó para mostrar la alquimia como contraria a Dios. Finalmente, en la alta edad media, esta línea de pensamiento creó una permanente escisión que separaba la alquimia de la misma religión que había acogido su nacimiento.
La alquimia en el mundo islámico
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Tras la caída del Imperio Romano, el foco de desarrollo alquímico se trasladó a Oriente Medio. Se sabe mucho más sobre la alquimia islámica porque fue documentada mejor: de hecho, la mayoría de los primeros escritos que han sobrevivido el paso de los años lo hicieron como traducciones islámicas.
El mundo islámico fue un crisol para la alquimia. El pensamiento platónico y aristotélico, que ya había sido en cierta medida incluído en la ciencia hermética, continuaron siendo asimilados. Alquimistas islámicos tales como al-Razi (en latín Rasis) aportaron importantes descubrimientos químicos propios, tales como la técnica de la destilación (las palabras alambique y alcohol son de origen árabe), los ácidos muriático, sulfúrico y nítrico, la sosa (al-natrun) y la potasa (alkali) -de las que derivan los nombres internacionales del sodio y el potasio, Natrium y Kalium-, y más. El descubrimiento de que el agua regia, una mezcla de ácido nítrico y clorhídrico, podía disolver el metal más noble -el oro- habría de avivar la imaginación de alquimistas durante el siguiente milenio.
Los filósofos islámicos también hicieron grandes contribuciones al hermetismo alquímico. Podría decirse que el autor más influyente en este aspecto fue Jabir Ibn Hayyan, en latín Geberus, normalmente escrito en castellano como Geber.
El objetivo primordial de Jabir era la takwin, la creación artificial de vida en el laboratorio alquímico. Jabir analizó cada elemento aristotélico en término de las cuatro cualidades básicas de calor, frío, sequedad y humedad. De acuerdo con él, en cada metal dos de estas cualidades eran interiores y dos exteriores. Por ejemplo, el plomo era externamente frío y seco, mientras que el oro era caliente y húmedo. De esta forma, teorizaba Jabir, reordenando las cualidades de un metal, podía obtenerse uno diferente. Jabir desarrolló una elaborada numerología mediante la que las iniciales del nombre de una sustancia en árabe, cuando se les aplicaban varias transformaciones, mantenían correspondencias con las propiedades físicas del elemento.
La alquimia en la Europa medieval
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Debido a sus fuertes conexiones con las culturas griega y romana, la alquimia fue bastante fácilmente aceptada por la filosofía cristiana, y los alquimistas medievales europeos absorbieron extensivamente el conocimiento alquímico islámico.
Gerberto de Aurillac (fallecido en 1003), quien más tarde se convertiría en el Papa Silvestre II, fue uno de los primeros en llevar la ciencia islámica a Europa desde España.Pero hasta el siglo XIII los movimientos fueron principalmente asimilativos.
Robert Grosseteste (1170-1253) fue un pionero de la teoría científica que posteriormente sería usada y refinada por los alquimistas.
Tomás de Aquino también trabajó intensamente en desarrollar el método científico. Incluso fue tan lejos como para afirmar que los universales podrían ser descubiertos sólo mediante el razonamiento lógico: esto contradecía la creencia platónica común en que los universales se encontraban sólo mediante iluminación divina. Ambos estuvieron entre los primeros en emprender el examen de la teoría alquímica, y podrían ser considerados como alquimistas, excepto por el hecho de que hicieron poco en cuanto a experimentación. Una importante contribución de Tomás de Aquino fue la creencia en que dado que la razón no puede oponerse a Dios, debe por tanto ser compatible con la teología.
El primer alquimista auténtico en la Europa medieval fue Roger Bacon. Su obra supuso tanto para la alquimia como la de Robert Boyle para la química y la de Galileo Galilei para la astronomía y la física.
Bacon (1214-1294) era un franciscano de Oxford que estudió la óptica y los lenguajes además de la alquimia. Los ideales franciscanos de enfrentarse al mundo en lugar de rechazarlo le llevaron a su convicción de que la experimentación era más importante que el razonamiento: "De las tres formas en las que el hombre piensa que adquiere conocimiento de las cosas: autoridad, razonamiento y experiencia; sólo la última es efectiva y capaz de llevar de paz al intelecto." "La ciencia experimental controla las conclusiones de todas las otras ciencias. Revela verdades que el razonamiento de los principios generales nunca habría descubierto."
A Roger Bacon también se le ha atribuido el inicio de la búsqueda de la piedra filosofal y del Bacon no fue el único alquimista de esta época, pero sí el más importante. Sus obras fueron usadas por incontables alquimistas entre los siglos XV y XIX.
Así que hacia finales del siglo XIII, la alquimia se había desarrollado hasta un sistema de creencias bastante estructurado. Es más: todos los alquimistas eran auténticos cristianos. Creían en la teorías de Hermes sobre el macrocosmos-microcosmos, es decir, creían que los procesos que afectan a los minerales y otras sustancias podían tener un efecto en el cuerpo humano (por ejemplo, si uno pudiera aprender el secreto de purificar oro, podría usarse la misma técnica para purificar el alma humana).
Estos hombres creían que la piedra filosofal era una sustancia capaz de purificar metales básicos (y por tanto transmutarlos en oro) así como de purificar el alma. Creían en los cuatro elementos y las cuatro cualidades y tenían una fuerte tradición de esconder sus ideas escritas en un laberinto de jerga codificada lleno de trampas para despistar a los no iniciados. Por último, los alquimistas practicaban su arte: experimentaban activamente con sustancias químicas y hacían observaciones y teorías sobre cómo funcionaba el universo. Toda su filosofía giraba en torno a su creencia en que el alma del hombre estaba dividida dentro de él tras la caída de Adán. Purificando las dos parte del alma del hombre, éste podría reunirse con Dios.
En el siglo XIV, estos puntos de vista sufrieron un cambio importante. Guillermo de Ockham, un franciscano de Oxford que murió en 1349, atacó la visión tomista de la compatibilidad entre la fe y la razón. Su opinión, hoy ampliamente aceptada, era que Dios debe ser aceptado sólo con la fe, pues Él no podía ser limitado por la razón humana. Por supuesto este punto de vista no era incorrecto si uno aceptaba el postulado de un Dios ilimitado frente a la limitada capacidad humana para razonar, pero eliminó virtualmente a la alquimia como práctica aceptada en los siglos XIV y XV.
El papa Juan XXII publicó a principios del siglo XIV un edicto contra la alquimia, que efectivamente retiró a todos los miembros de la iglesia de la práctica del arte. Los cambios climáticos, la peste negra y el incremento de guerras y hambrunas que caracterizaron a este siglo sirvieron también sin duda de obstáculo al ejercicio filosófico en general.
La alquimia se mantuvo viva gracias a hombres como Nicolas Flamel, digno de mención sólo porque fue uno de los pocos alquimistas que escribieron en estos tiempos difíciles.
Flamel vivió entre 1330 y 1417 y serviría como arquetipo para la siguiente fase de la alquimia. No fue un investigador religioso como muchos de sus predecesores, y todo su interés en el arte giraba en torno a la búsqueda de la piedra filosofal, que se dice que halló: sus obras emplean gran cantidad de espacio describiendo los procesos y reacciones, pero nunca llegan a dar la fórmula para lograr las transmutaciones. La mayoría de su obra estaba dedicada a recoger el saber alquímico anterior a él, especialmente en lo relacionado a la piedra filosofal.
Durante la alta Edad Media (1300-1500) los alquimistas fueron muy parecidos a Flamel: se concentraron en la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la juventud, que ahora se cree que eran cosas separadas. Sus alusiones crípticas y su simbolismo llevaron a grandes variaciones en la interpretación del arte. Por ejemplo, muchos alquimistas durante este periodo interpretaban que la purificación del alma significaba la transmutación del plomo en oro (en la que creían que el mercurio jugaba un papel crucial). Estos hombres eran considerados magos y hechiceros por muchos, y fueron con frecuencia perseguidos por sus prácticas.
Uno de estos hombres que surgió a principios del siglo XVI se llamaba Heinrich Cornelius Agrippa. Este alquimista creía ser un mago y pensaba ser capaz de invocar espíritus. Su influencia fue insignificante, pero como Flamel, elaboró escritos a los que se refirieron alquimistas de años posteriores. De nuevo como Flamel, hizo bastante por cambiar la alquimia de una filosofía mística a una magia ocultista. Mantuvo viva las filosofías de alquimistas anteriores, incluyendo ciencia experimental, numerología, etcétera, pero añadió teoría mágica, lo que reforzó la idea de la alquimia como creencia ocultista. A pesar de todo esto, Agrippa aún era un cristiano, aunque sus opiniones entraron con frecuencia con conflicto con la iglesia.
La alquimia en la era moderna y el Renacimiento
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La alquimia europea continuó por la misma senda hasta los albores del Renacimiento. Esta época vio también un florecimiento de los timadores que usaban trucos químicos y juegos de manos para "demostrar" la transmutación de metales comunes en oro, o que afirmaban poseer el conocimiento del secreto que -con una "pequeña" inversión inicial- llevaría con toda seguridad a ello.
El nombre más importante de este periodo es Paracelso (1493-1541), quien dio a la alquimia una nueva forma, rechazando parte del ocultismo que había acumulado a lo largo de los años y promoviendo el uso de observaciones y experimentos para aprender sobre el cuerpo humano.
Paracelso rechazó las tradiciones gnósticas, pero mantuvo mucho de las filosofías hermética, neoplatónica y pitagórica; sin embargo, la ciencia hermética tenía tanta teoría aristotélica que su rechazo del gnosticismo era prácticamente insignificante. En particular, rechazó las teorías mágicas de Flamel y Agrippa. Paracelso no se veía a sí mismo como un mago, y desdeñaba a quienes lo hacían.
Paracelso fue pionero en el uso de compuestos químicos y minerales en medicina. Sus puntos de vista herméticos eran que la enfermedad y la salud del cuerpo dependían de la armonía del hombre (el microcosmos) y la Naturaleza (el macrocosmo). Paracelso dio un enfoque diferente al de sus predecesores, usando esta analogía no como referencia a la purificación del alma sino como a que los humanos deben mantener ciertos equilibrios de minerales en sus cuerpos, y que para ciertas enfermedades de éstos había remedios químicos que podían curarlas.
En Inglaterra, la alquimia en esta época se asocia frecuentemente con el Doctor John Dee (1527 -1608), más conocido por sus facetas de astrólogo, criptógrafo y "consultor científico" general de la reina Isabel I. Dee era considerado una autoridad en la obra de Roger Bacon, y estuvo lo suficientemente interesado en la alquimia como para escribir un libro sobre ella (Monas Hieroglyphica, 1564) influenciado por la cábala. El socio de Dee Edward Kelley -quien afirmaba conversar con ángeles a través de una bola de cristal y poseer una pólvora que volvería el mercurio en oro- puede haber sido la fuente de la imagen popular del alquimista-charlatán. Entre los demás alquimistas de esta época es digno de mención Michal Sedziwój (Michael Sendivogius) un alquimista, filósofo y médico polaco, pionero de la química. Michal suponía que el aire contiene oxígeno, 170 años antes de que Scheele y Priestley, calentando salitre. Pensaba que el gas resultante era "el elixir de la vida".
El declive de la alquimia occidental
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La desaparición de la alquimia occidental se debió al auge de la ciencia moderna con su énfasis de la rigurosa experimentación cuantitativa y su desdén hacia la "sabiduría antigua". Aunque las semillas de estos sucesos fueron plantadas ya en el siglo XVII, la alquimia aún prosperó durante unos doscientos años, y de hecho puede que alcanzase su apogeo en el siglo XVIII.
Robert Boyle (1627-1691), más conocido por sus estudios sobre los gases fue uno de los pioneros del método científico en las investigaciones químicas. Boyle no asumía nada en sus experimentos y recopilaba todos los datos relevantes: en un experimento típico, Boyle anotaba el lugar en el que se efectuaba, las características del viento, las posiciones del sol y la luna, la lectura barométrica, por si luego resultasen ser relevantes. Este enfoque terminó llevando a la fundación de la química moderna en los siglos XVIII y XIX, basada en los revolucionarios descubrimientos de Lavoisier y John Dalton, que finalmente proporcionaron un marco de trabajo lógico, cuantitativo y fiable para entender las transmutaciones de la materia, y revelaron la futilidad de las tradicionales metas alquímicas tales como la piedra filosofal.
Mientras tanto, la alquimia paracélsica llevó al desarrolló de la medicina moderna. Los experimentalistas descubrieron gradualmente los mecanismos del cuerpo humano, tales como la circulación de la sangre (Harvey, 1616), y finalmente localizaron el origen de muchas enfermedades en las infecciones con gérmenes (Koch y Pasteur, siglo XIX) o la falta de nutrientes y vitaminas naturales (Lind, Eijkman, Funk). Apoyada en el desarrollo paralelo de la química orgánica, la nueva ciencia desplazó fácilmente a la alquimia en sus aplicaciones médicas, interpretativas y prescriptivas, mientras apagaba su esperanza en elixires milagrosos y mostraba la inefectividad e incluso toxicidad de sus remedios.
De esta forma, a medida que la ciencia siguió incesantemente descubriendo y racionalizando los mecanismos del universo, fundada en su propia metafísica materialista, la alquimia fue quedando despojada de sus conexiones química y médica, pero incurablemente sujeta a ellas. Reducida a un sistema filosófico arcano, pobremente conectada al mundo material, la alquimia sufrió el destino común a otras disciplinas esotéricas tales como la astrología y la cábala: excluída de los estudios universitarios, rechazada por sus antiguos mecenas, relegada al ostracismo por los científicos, y considerada habitualmente como el epítome de la charlatanería y la superstición.
Estos avances podrían ser interpretados como parte de una reacción más amplia del intelectualismo europeo contra el movimiento romántico del siglo anterior. Sea como fuere, da mucho que pensar el ver cómo una disciplina que ostentó buena parte del prestigio intelectual y material durante más de doscientos años pudo desaparecer tan fácilmente del universo del pensamiento occidental.
La alquimia en la literatura
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Muchos autores satirizaron a los alquimistas y los usaron como blanco de ataques satíricos. El más famoso de ellos es la obra El alquimista de Ben Jonson.
En las novelas infantiles de Harry Potter se menciona una "piedra filosofal". En el mundo imaginado por J.K. Rowling, esta piedra fue creada por alquimistas y tiene poder de transformar cualquier metal en oro puro y crear el "elixir de la vida", que permite al que lo toma vivir mucho más de lo normal. Se atribuye la creación de la piedra al personaje llamado Flamel. En el libro, resulta necesario beber periódicamente el elixir para permanecer inmune a la muerte natural.
Un alquimista llamado Melquíades es un personaje de la clásica novela de Gabriel García Mázquez Cien años de soledad. El motivo alquímico añade una sensación mágica a la novela (véase realismo mágico).
En la segunda parte de Fausto, Johann Wolfgang von Goethe muestra a Wagner, el sirviente de Fausto, usando la alquimia para crear un homúnculo.
La alquimia y la piedra filosofal es también de gran importancia en la trama del anime Full Metal Alchemist.
Las maneras y métodos de la alquimia también son esenciales en la exitosa novela de Paulo Coelho El alquimista.








Eh, cómo mola esto. Me sigues sorprendiendo gratamente, mozuela.
¿Te puedes creer que ayer estuve echando el tarot con una amiga mía brujilla, y salió la carta de la alquimia dos veces? La interpretación era que en mi momento actual tengo que hacer alquimia emocional para transmutar una serie de movidas antiguas estancadas y convertirlas en un amor elevado.
Y ahora voy y me encuentro esto. Me lo pasaré a la PDA para irlo leyendo despacio cuando tenga ratos. Me ha llamado la atención este párrafo:
"En el siglo XIV, estos puntos de vista sufrieron un cambio importante. Guillermo de Ockham, un franciscano de Oxford que murió en 1349, atacó la visión tomista de la compatibilidad entre la fe y la razón. Su opinión, hoy ampliamente aceptada, era que Dios debe ser aceptado sólo con la fe, pues Él no podía ser limitado por la razón humana. Por supuesto este punto de vista no era incorrecto si uno aceptaba el postulado de un Dios ilimitado frente a la limitada capacidad humana para razonar, pero eliminó virtualmente a la alquimia como práctica aceptada en los siglos XIV y XV."
Tiene mucho que ver precisamente con lo que estoy publicando estos días en el mío. Esa es la conclusión a la que estoy llegando tras una charla bloguera con un cura :)
Coincidencias, coincidencias...
¿Casualidades, casualidades?¿Qué es eso?¿El azar existe? Jejeje:::PPP
A ver si me paso por tu blog. Un casto beso:)*
Tengo yo mis teorías al respecto. Creo que el azar sí existe, de hecho es lo único que existe. Somos nosotros los que le asignamos significados. Nuestro cerebro está programado genéticamente para buscar conexiones y sentidos con una potencia pasmosa.
Y algún día conseguiré uno que no sea casto, jijiji :^P
Esto es un artículo y lo demás son tonterías.
te pongo un enlace... ok?
Gracias;)Tú también has sido enlazado.:)