Hace alrededor de 36 horas que el Pepe más famoso de España (con el permiso -o sin él- del otro PP "gaviotero") se alzó, triunfal, sobre los desilusionados cadáveres de sus antiguos compañeros de piso... Si es que a aquel espacio se le puede denominar como "pisito" y a esa serie de supuestos pensantes bípedos se les puede calificar como compañeros de algo.

Siempre intento que mis opiniones ejerzan como tales cuando la euforia o la desazón ya han pasado a mejor vida y esta ocasión también merecía la consiguiente espera.

¡Sí, soy una aguerrida fan de GH! y, después de permanecer tres meses espiando a Pepe entre edredones, "nominator" y estrategias varias, sopeso la posibilidad de tatuar mi pecho con un tajante "Amor de Pepe, amor de GH". Por fin parece que, en este país nuestro, algo comienza a moverse después de tanta neurona lobotomizada ante siliconadas varias y ante profundísimas discusiones del tipo "yo me he tirado a más que tú porque no cuento los polvillos en retretes discotequeros".

¡Por fin se premian la inteligencia, la sagacidad, la franqueza, la honestidad, el saber estar, la elegancia, la lealtad, la simpatía y, sobre todo ello, la defensa a ultranza de los valores propios!¡Alguien sube el listón desde la caja tonta y millones de televidentes lo apoyan y defienden!

Nunca pensé que, sintiéndome como me siento, un ser de luz, algún día me situase en el bando de los oscuros. Pero es que, frente al agujero negro que portan como testa la gran mayoría de personajes televisivos, la mente y el alma de Pepito no pueden dejar de aparecérseme como una deslumbrante y colorista supernova.

¡Arriba los Pepes de España!¡Arriba el Lado Oscuro!¡Arriba el uso de la inteligencia!