Me gusta verle dormir, tranquilo, relajado, como el bebé que descansa sobre el regazo de una amorosa madre. Me gusta espiar sus sueños y observar cómo el diurno e interrogador ojo continúa igual de vivaz pese al telón de piel y carne que ahora lo cubre.

Me gusta observar el hinchado del pecho: gradual y constante, como una cálida y casi eterna marea empeñada en remojar mis desnudos pies una y otra vez. Me gusta sobre todo lo anteriormente recordado,escuchar sus incipientes gimoteos, cómo balbucea inconexas sílabas, asemejándose a un cachorrillo indefenso y abandonado.

Es en esos momentos, cuando le susurro un casi inaudible "ven conmigo", cuando su mano, casi en un acto reflejo inconsciente, busca acomodarse entre mi pecho y mis brazos, cuando todo su cuerpo yacente, se aproxima buscando mi calor, cuando me siento, dueña y señora de una parte de ésa entrega.

Es entonces cuando mi orden se transforma en súplica, en ruego, en una necesidad vital de parar el tiempo. Me niego a que continúe el odioso tic-tac de ese segundero maldito. No quiero que la llegada del alba nos arroje a un nuevo día de aburridas rutinas, de sosos sin sabores y de apáticas costumbres. ¿Por qué no se me ha otorgado la capacidad de parar el transcurrir de los astros?¿Por qué siendo parte y todo de la Diosa Madre no recordé en el momento de parirme a mi misma que el tiempo podía convertirse en el mayor enemigo dentro del mundo corpóreo al que me veía abocada?

Es en ese instante, cuando un tímido rayo de sol, después de viajar atravesando universos, se empeña en azotar mi mirada hasta entonces subyugada por la magia de ese rostro que un día decidió mirar en mi misma dirección y anclarse en la bahía de mi vida, es ahí, en ese segundo tan odioso como esperado, cuando rompo la inmovilidad que me atenazaba y cuando mis labios, como sépalos de un orgiástico cáliz, se entreabren sobre un pedazo de esa piel que siento como mía aunque viva fuera de mi propio ser.Y es ese gesto, ese leve roce de pieles y de humedades, esa caricia casi prohibida,ese secreto choque de existencias, el que me vuelve a elevar hasta mi propio cielo, al que siempre pertenecí y del que jamás he salido, puesto q yo soy el Todo y todo está en mi.

Ahora ya no importan rutinas, costumbres, sinsabores. Ahora el tiempo pasa de cruel enemigo a personaje anecdótico, porque como cada mañana vuelvo a sentirme yo: suprema, eterna, invencible, diosa, madre y creadora.
Ahora me atrevo a mirar descarada, al rayo que continúa, inflexible, sobre mi frente. Ahora le sonrío: al fin y al cabo, sin mi persona, continuarías siendo un simple haz de fotones y no habría testigo alguno ni de tu calor ni de tu poder.
Ahora acompaño con el ritmo de mis pensamientos el tic-tac acompasado que canturrea desde el reloj: tiempo amigo terrenal, ase fuerte mis manos y acompaña a ésta tu dueña en el transitar de su vivencia actual.

Ahora ya nada existe ajeno a mi.
Ahora ya no existo ajena a nada.
Ahora, con la simplicidad de un suspiro, he recordado que Soy.