LOS CUENTOS DEL HADA
Ventana de Olvido
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Cuando el hada despertó del sueño, comprobó que la ventana ya no era de madera, sino de aluminio esmaltado en blanco. Ya no podía disfrutar de la verdosa visión de las copas más altas de los laureles de indias de la plaza. Ahora eran las cimas de las colinas y un algodonoso mar de nubes grisáceo los que la contemplaban y sonreían. El hada se frotó los hinchados párpados, con sus horripilantes manos, intentando ganar tiempo para llegar a comprender qué estaba sucediendo. Pero tras recibir de nuevo el fogonazo de luz, volvió a verse sobre ese mismo alféizar de mármol blanco.
A sus pies, un olvidado solar donde la hierba crecía desordenada, rebelde, formando un caótico universo donde los gatos lloraban como bebés sedientos del hálito materno que les acompañe y enseñe a respirar por sí mismos.
Del otro lado de los polvorientos cristales, una extraña mujer la contemplaba, con la mirada perdida, los cabellos revueltos, las oscuras ojeras y el alma latente. 
Esa extraña y cercana mujer mortal esbozó una mueca que se asemejaba a una esforzada sonrisa y la miró directamente a los ojos. En ese fugaz encuentro de miradas el hada contempló cómo se iba diluyendo, formando una cristalina lágrima, la imagen de su joven y amado poeta.
Esa sería la última vez que podría contemplar los oscuros rizos decorando la tersa piel.
Esa sería la última ocasión en que el aroma de su amado embriagaría su alma llenándola de nostálgica poesía.
Esa sería la ventana desde la que tendría que volver a comenzar una nueva vida que ahora se le aparecía mucho menos mágica y angustiosamente opresiva.
¡Tanto tiempo había volado animada por el sentir de aquel quebradizo joven!
¡Tantos sueños construídos a través del cristal que la acercaba a ese bosque de hadas nacido del propio corazón de su admirado artista!
¡Tantos esfuerzos, tanta lucha contra sí misma por convertirse en la protagonista del libro de su vida!...Y, de nuevo, no había sido más que un engañoso espejismo creado por el encuentro entre sus propios y constantes anhelos y la hiriente soledad del novel autor.

Ahora ya sólo le restaban fuerzas para evitar que esa lágrima que, incomprensiblemente, retenía la imagen de su eterno amado en ese ojo de vacío mirar, cayese al suelo, estallando en una miríada de sentimientos perdidos y abandonados entre la fría y desmemoriada hojarasca.
Soportando con sus regordetas piernas el peso de la losa de olvido que la aplastaba, voluntariosa y tenaz, se elevó gracias al batir de sus tintineantes alas justo en el momento en que las yemas de los dedos del poeta derramaban sus últimos versos, mejillas abajo, recorriendo ese rostro abatido, triste y agotado.
Aterrorizada por saber que ya nada podría hacerse para evitar el atroz choque contra el gélido suelo, sopesó por un instante la posibilidad de dejarse caer justo sobre el punto donde la lágrima acabase por perderse en su vuelo suicida.
Pensó que, de ese modo, podrían pertenecerse eternamente: él crearía un nuevo bosque para ella y ella le daría la vida necesaria para que el bosque jamás dejase de crecer.
Sintiéndose plena con ese pensamiento, optó por acabar así su mágica existencia y, centrando su mirada en la volátil sombra de la caída del poeta, cesó el alado tintinear, abandonándose a fenecer abrazada al último recuerdo compartido. Pero justo cuando el doloroso impacto se le antojaba como el más dulce de los besos, una amorosa calidez la acogió y la volvió a depositar en el marmóreo alfeizar. Sorprendida y disgustada comprobó que unas manos tan horripilantes como las suyas propias la habían abrazado evitando así su erróneo final.
Una vez más observó esa mueca en forma de sutil y franca sonrisa en el rostro de la pálida mujer. Por vez primera vio que la figura femenina no era otra cosa que su propio reflejo en el traslúcido cristal de la ventana... 
Su poeta se había ido y ahora tocaba llorar acompañada por esa mujer que no era más que otra parte de sí misma.































































































nacu dijo
Muy bonito el cuento del hada. Me he sumergido en él, en los sentimientos del hada. No dejes de escribir de esta forma guapa.
P.D: ¿Nunca te han dicho que te pareces (por lo menos en esta foto) a la "pija" de "Aquí no hay quien viva"? Era una broma,jajaja, no quería cabrearte. Tú estas más guapa. ;P
Besos( del hada que en la luna se acuna )
26 Enero 2006 | 01:54 PM