Tras la ventana
-------------------
Cuando el hada abrió los ojos, tras un breve pero intenso sueño, pudo comprobar que el paisaje había cambiado: la luz, antes radiante, se había transformado ahora en una apagada y lívida atmósfera; los hasta entonces agobiantes sonidos de las bulliciosas calles habían sido apagados por el rítmico cántico que tarareaban las diferentes teclas cuando las manos del dulce y jovencísimo poeta las convertían, gracias a la suave y decidida presión de las amorosas yemas, en un teatro vital por el que se paseaban orgullosos y exigentes los distintos personajes que tiraban del romántico escribiente.
Ensimismada como nunca, al contemplar, de nuevo, los oscuros y suaves rizos deslizándose por la resplandeciente piel, mientras la ceja derecha se elevaba, enérgica y sorprendida ante la actitud soberbia de la hasta entonces humilde protagonista de la historia, tardó aún unos segundos en darse cuenta del grandioso cambio ocurrido mientras ella dormitaba, agotada por un vuelo de milenios. ¡Por fin había atravesado el infinito espacio que siempre habían ocupado los escasos seis centímetros de alfeizar de madera!¡Se encontraba dentro, formando parte del templo creador del dios que adoraba desde hacía tanto!
Desconocía cómo podía haberse llevado a cabo semejante hecho. ¡Tantas veces había soñado despierta con que se atrevía a pasar al otro lado de la ventana!¡En tantas ocasiones lo había imaginado y hasta planeado!¡Y precisamente ahora había sucedido y no sabía cómo!
¿Habría sido quizá la propia mano de su adorado poeta la que la habría depositado, con suma ternura, a lomos de esta cómoda y esponjosa jirafa de peluche sobre la que había despertado a esta nueva existencia?¿Se debería tal vez a un generoso acto de alta magia que le habría regalado alguna otra hada de superior rango como premio a alguna acción, ya olvidada por su enamorada y cegada mente?
Puede que jamás conociese la causa que la había llevado hasta allí, pero no era ese detalle el importante. Lo verdaderamente apasionante era el formar parte del mismo espacio divino que ocupaba el ser amado.
Durante meses había soñado con la posibilidad de traspasar la transparente coraza de cristal. Durante meses, su mente se empeñó en roces sutiles contra aquel viejo libro de poemas o contra la siempre presente libreta sobre la que, su joven juglar, derramaba todo un océano de ideas y notas que, luego, le pudiesen ayudar en su parto narrativo.
Durante meses, su alma abrazó cada gesto, cada ademán, cada mirada, cada sonrisa, cada mueca de dolor y cansancio.
Durante meses, su corazón acarició los cabellos que completaban la imperfecta perfección ostentada por la figura masculina que, desde la última noche de brujas, se había convertido en el dueño de su respirar.
Durante meses había soñado con la posibilidad de encontrarse del modo en que se hallaba en el lugar donde ahora estaba.
Estática, quieta, aferrada al peludo cuello de la singular mascota de juguete, aterrada ante la posibilidad de que un indiscreto tintineo de sus despiertas alas osase romper la sacra tonada de teclas que proseguían tarareando los finos dedos de su amor mortal, comenzó a disfrutar observando hasta el más mínimo detalle de aquella estancia. Así, sus avellanados ojos pudieron contemplar el dorado rutilar de la espada en la pared, las multiples pelusas de polvo que, erráticas, danzaban en una lenta, parsimoniosa y sorda danza, los celestes montes y los profundos valles que las arrugadas sábanas formaban en aquel lecho tan dulcemente ansiado que, ahora, se le aparecía al alcance de sus pequeños y horrendos dedos.
Ahora, en cuanto el luminoso resplandor del alba luchase por internarse en este bosque de paredes desde donde una de las hadas pintadas por la genial mano del artista se había descolgado, simplemente por amor, en cuanto él, su amado, se internase en los aposentos de Morfeo, ella podría volar, silenciosa hasta uno de sus hombros y, tumbándose a lo largo de su clavícula, mantener ese contacto físico tan anhelado, ávida del calor de su cuerpo e impregnándose del aroma que ya comenzaba a embriagar su mente con ese deseo que la consumía cada vez que recordaba que, al fin, había pasado al otro lado del espejo.
LOS CUENTOS DEL HADA







Querida Clito:
¡La he visto! Mientras te leía he visto al hada, he sentido sus deseos, he seguido su mirada a través de su mirada... me lo has hecho ver. ¡Qué bonito! Gracias.
Besos.
El hada del cuento que se reflejaba en el cristal tenís tu cara y tus sentimientos a flor de piel. Dila de mi parte que siga dándote argumentos para que me cuentes un poco más.
Un beso.
Nacu, me alegra saber que el hada de mi ventana ha conectado contigo;)...Esperamos ambas que ese lazo mágico no se deshaga en breve tiempo:)
Un besote*
Clubfolio, no sé si tu comentario esconde una crítica con respecto a la nueva naturaleza del hada tras el cristal.;)
He sentido que me querías indicar que el hada de ahora tiene menos de mí que la anterior. Si es así, te aseguro que ambas se hallan en mí y yo me divido en ellas.
Lo que puede suceder también es que mi "calidad narrativa" (si es que he tenido "de éso" en algún momento::PP) se encuentre de capa caída;). Intentaré corregirme y esforzarme más.
Un besote*