QUERIDOS MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR...



Como os tengo acostumbrados desde hace ya más de treinta años, aquí estoy, por estas fechas. Sé que hasta el año pasado usaba una sencilla hoja cuadriculada para escribiros vuestra pedigüeña misiva, pero he aquí que los tiempos adelantan que es una barbaridad y que, encima, se ha apoderado de mí un cierto halo exhibicionista, por lo que me ha dado por publicar la cartita en cuestión por este universo ciberespacial. Sé que existís porque si de algo entendemos las hadas escondidas bajo carnales figuras es precisamente de secretos mágicos, así que aquí me hallo, sentada frente al cristalito que cada día me invita a buscar, a soñar, a conocer, a indagar, a contar, a leer, a volar, a viajar...
"¡Esta mujer no cambia, sigue tan loca como siempre!", pensaréis y, por una vez en nuestras vidas, no tenéis razón: ¡he empeorado, estoy peor (o mejor)! Y os lo voy a probar, claro que sí.

Debo andar más disparatada que nunca porque, ya son más de 150 los peluches que conforman la colección privada que comencé a la tierna edad de ¡28! años. Cada vez que voy a una tienda "peluchil" he de controlar mis manos para no tocar ninguno hasta haberlos observado a todos, puesto que aquel que roce tendrá que venirse conmigo. Justo en este preciso momento, un océano de perros, elefantes, cerdos, jirafas, patos, osos, delfines, vacas, pingüinos, gatos, monos y demás fauna terrestre me espía desde las estanterías de la pared.
Por si esto fuera poco, insisto en mostrarme como una fan acérrima de Gran Hermano. ¡No, no abráis los ojos como si se os fuesen a salir de las reales órbitas! ¡Si supiérais el bien que me hace su visión! Tras pasarme dos horas observando a esa manada de jóvenes humanos, al apagar la caja tonta que casi no se enciende más que para GH, me veo a mi misma como la más inteligente, la más elegante, la más culta, la mejor educada, la más guapa, la más atractiva, la más honesta, la más humilde, la más...¡Mi autoestima se eleva hasta grado sumo tras entrar en esa colosal mansión! Muchos prefieren lanzarse en un diván y gastarse 80 euros por contarle cosas a un calvo barbudo que se hace el interesante mientras garabatea en una libreta intentando aparentar que anota datos importantes. ¡Yo prefiero lobotomizarme frente a los felizmente encerrados!
Sin embargo, la mayor de las pruebas de mi continua enajenación es que, justo cuando la mayoría de la gente se siente segura y logra alcanzar un cierto grado de estabilidad afectiva, económica y personal, yo decido que "ya está bien", lanzo mi actual vida por la ventana y, en breves días, cruzaré un mar, un océano y dos continentes para recomenzar una nueva andadura que ni sé a dónde me va a llevar, ni tampoco si tendrá un camino de regreso.
Los miedos, los temores, el pánico a estar cometiendo el mayor error de mi vida se hacen oir de forma constante como el rumor incansable de la cascada al romper la aparente y húmeda quietud. Pero hay algo más fuerte que tira de mí, algo que me empuja a empaquetar los últimos seis años de mi existencia en tres colosales maletas y a dejar atrás a aquel a quien tanto he adorado, a mis bichos amados, a la ciudad que me ha acogido y a la casa que me ha abrazado.

Por todo ello, como sé que mi grado de desquiciamiento se agrava por momentos y como también sé perfectamente que será la propia vida la que me sane o la que me permita continuar adelante transformada en una loca feliz, este 4 de Enero sólo os voy a pedir que me otorguéis la gracia de seguir luchando por mostrarme generosa y noble e intentar, de este modo, llevar a cabo mis metas de la mejor manera posible, sin dañar a los que amo y quiero más allá de lo estrictamente necesario.
Ya sabéis que no podría llegar a ser feliz partiendo de la infelicidad de los que son tan importantes para mí. Así que, por una vez, convertíos en la estrella que guíe mis pasos hasta llegar al pesebre que se me tenga reservado y, una vez allí, ser capaz de descansar, plácida, con una sonrisa en los labios y una esperanza en la mirada.
De todos modos no quisiera despedirme sin recordaros que en estas sociedades caóticas y decadentes con las que hemos "civilizado" esta roca azul y salada, la mayoría de los seres carece de lo más mínimo para ser feliz y los que todo lo ostentan se empeñan en perderse en la obscena contemplación de sus orondos ombligos.
Sin duda, tenéis un arduo trabajo: cada año más olvidados y cada año más necesarios.

Que la mirra, el incienso y el oro de ayer se transformen en la Paz, el Amor y la Fuerza de hoy con los que construir un Mañana.































































































Jose dijo
Me sorprende que no haya ningún comentario ante tan emocional, sincera, hermosa y desveladora carta a los reyes magos, espero que te hayan traido todo lo que pides, o por lo menos lo estrictamente necesario para que puedas lograr tus metas.
Y si este que escribe te puede ayudar me harás feliz.
Besos de Jose.
26 Febrero 2006 | 02:15 AM