La plaza del hada
La plaza frente a la ventana del hada bullía de gentes. El sol acariciaba las briznas de hierba que alguna rezagada ráfaga de viento se empeñaba en agitar una vez más.
Ella les observaba desde su transparente castillo de sueños. Le encantaba espiar y retener consigo algún que otro momento de esas rutinarias vidas y, de ese modo, transformarlas en un instante único.
Una cuerda gigantesca de niños atravesaba la plaza llenándola de frescas sonrisas. Asidos de las manos, avanzaban sin detenerse esquivando bastones curvados por el paso del tiempo que, silentes, evocaban momentos de tan lejano recuerdo que casi nacían como fantásticas historias en mentes casi apagadas.
El banco central, el azotado por los ahora cálidos rayos, siempre sostenía el cuerpo de algún visitante. Al contrario que durante los tórridos dias estivales, los únicos ratos de vacía soledad eran aquellos en que la gélida oscuridad nocturna reinaba instaurando su misteriosa potestad.
Un lento anciano empuja, entregado, la silla de ruedas de su arrugada esposa. Una joven pareja disfruta de las inocentes risotadas del bebé que les escudriña desde el veloz cochecito. Una ruidosa panda adolescente evoca en el resto de visitantes la clamorosa belleza del silencio. Un perro menea su alegre cola mientras olisquea y reconoce los aromas de siempre. Las palmeras se mecen mimosas junto a los serios y meditabundos cipreses.
Hasta la ventana del hada llegan los sonidos de la ciudad, pero sus puntiagudas orejas sólo escuchan el batir de las alas de esa paloma que, como cada dia, se acerca hasta la fuente de la plaza tras haberla saludado del otro lado del cristal.































































































haptesupreina dijo
Uy, un hada observando el mundo...pero ya la veo tras el cristal sonreir , regalando su magia a todo el que la vea sonreir.
Bienvenida hada
8 Diciembre 2006 | 10:28 AM