La Coctelera

Categoría: Mis Imágenes

DESCONOZCO TU OPINIÓN PERO...

ESTO PARA MÍ ES, SIN DUDA, AMOR A PRIMERA VISTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Y ES QUE EL AMOR NO CONOCE FRONTERAS!

ROCKY Y SUS COSAS:

¡YA TENGO DOS AÑITOS!

Aquí me tenéis, encaramado y agarrado al teclado mientras mi amita se ha ido a por un café para contaros que ayer, 22 de septiembre, cumplí dos años.

Lejos de mi Málaga natal y aún viviendo en Barcelona (aunque me da que por poco tiempo, porque mis amos tienen la casa patas arriba, llenas de cajas) ayer me dieron una fiestita sorpresa, que no me esperaba. Claro que, por eso mismo son "sorpresas", ¿no?

Pero en vez de contaros todo, ¿por qué no lo véis por vosotros mismos?

 

 

AYER MANDÉ MI FOTO PORQUE YO SOY LA ABOLICIÓN...

...Y TÚ TAMBIÉN LO ERES. ¿ A QUÉ ESPERAS PARA, JUNTOS, ABOLIR LAS CORRIDAS DE TOROS?

¡Los nobles astados nos necesitan, así que sigamos adelante!

Aquí me tienes. Ojerosa, medio enferma, despeinada, con la cara lavada y más fea que carracuca, pero con la frente bien alta y a cara descubierta porque la causa lo vale. Te explico...

Ya sabes que desde hace meses te vengo informando sobre las distintas campañas llevadas a cabo desde Cataluña por parte de la plataforma ciudadana PROU, con el fin de eliminar la cruenta tortura y el terrible asesinato que suponen las corridas de toros. Pues bien, estando ya a las puertas de la primera votación, te ruego tu ayuda, una vez más. Es muy fácil y rápido. Verás.

Necesitamos demostrar a los diputados del Parlamento de Cataluña que no somos personas anónimas. Las 180.000 firmas obtenidas y presentadas han servido para mostrar nuestro más ferviente rechazo hacia la tauromaquia, pero, ahora, tenemos que demostrar que los protagonistas somos todos nosotros, la sociedad. Por eso, tu gesto puede significar mucho para la votación de la propuesta de Ley, que tendrá lugar este mes próximo.

Queremos que envíes a los diputados tu fotografía, diciendo "¡Basta!" (prou!). Desde la propia plataforma se las harán llegar a a todos ellos.

Tenemos que hacer llegar el mensaje a los parlamentarios, y qué mejor manera de hacerlo que con una imagen, tu gesto. Ya que nos lo jugamos todo en una sola carta, que no sea por no haber hecho todo lo posible.

Así que manda tu foto a la siguiente cuenta de correo junto con el siguiente texto:

"Autorizo que mi fotografía sea utilizada exclusivamente para la campaña Prou de la Plataforma Prou www.prou.cat". (añade tu nombre y tu DNI)

De esta manera, podremos hacer llegar las miles de fotos a los diputados. La plataforma ha recibido ya un millar de rostros anónimos. Por esto, tu aquí tienes mucho que decir.

Te agradecemos otra vez, enormemente, que luches por ellos. Tu eres quien lo está haciendo posible, tú eres la abolición.

Gracias por tu lectura y atención, decidas lo que decidas.

 

NARANJAS, LIMONES, UVAS, ALMENDRAS, CIRUELAS, MANZANAS Y NÍSPEROS...

Las imágenes no son buenas. Sobre todo porque se consiguieron gracias a una cámara que tiene más de 50 años -manías paternas- , se pasaron a papel con brillo y, para más inri, no dispongo aquí, en Barcelona de escáner, con lo que he tenido que fotografiarlas con la webcam para poder disponer de ellas en el PC.

Aún así, he limpiado 10, las he recortado para que no saliese el somnoliento monstruo que las sostenía -léase la nena- y he montado este SLIDE fotográfico para todos vosotros.

¿Que por qué me tomo tanto trabajo? Pues porque son las primeras instantáneas que tengo de nuestra finquita, ya limpia de maleza, malas hierbas y espectante ante nuestra próxima llegada.

Ciruelos, vides, manzanos, perales, nispereros, naranjos, limoneros y almendros ya nos están esperando.

¡Qué ganas tenemos de poder tomar nuevos rumbos!

¡Qué ganas de poder cuidar, venerar, mimar y trabajar esta tierra!

¡Qué ganas de alimentarnos de nuestros propios huevos, hortalizas y frutos!

¡Oh, divino Cronos, sorpréndenos prontito!

Con todos vosotros, parte de nuestra próxima vida...

 

 

GUATEQUE, TARTA, COMILONA Y, AL MENOS, 2 KILOS MÁS DE LORZAS

PORQUE A COCINERA Y A REPOSTERA NO HAY QUIEN ME GANE.

O, TAL VEZ, SÍ, PERO MI TARTA VEGANA CASERA Y EL RESTO DE PISCOLABIS ESTABAN COMO PARA NO DEJAR NI MIGA...

 

 

AINSSS, DESPUÉS DE ESTE SEPTIEMBRE VOY A TENER QUE PAGAR DOS ASIENTOS EN LOS AVIONES...MENOS MAL QUE, A PARTIR DEL 20, COMIENZO MI PARTICULAR, AUSTERO Y SACRIFICADÍSIMO RAMADÁN

¡QUÉ ASQUITO DE CALOR!

¿NOS REFRESCAMOS?

Los que me conocéis un poco ya sabéis que el calor y yo nos llevamos fatal. No soporto el verano. No me hace bien: cefaleas, sarpullidos, agotamiento, vagancia, alergias, apatía, nauseas...¡Vamos, un asco total!

Supongo que debí asesinar a legiones y legiones de esquimales en otras vidas para sufrir, ahora, este karma. Y es que todo lo que suba de 18-20 grados me parece insoportable y se me hace un triunfo sobrellevarlo. Así que en días como los actuales, en que Barcelona está batiendo récords en cuanto a temperaturas (hace 3 días, la quinta más cálida del siglo con 37, 4 grados centígrados), procuro enclaustrarme en casa, hidratarme bien, rodearme de analgésicos orales y vivir de la cama -o el sillón- a la ducha. Viviendo adosada a una torreta ventilador y transformada en una roncha andante, poco más se puede pedir.

Por eso, hoy te invito a sumergirte en alguna (o en todas) de estas imágenes que he ido recopilando por la red. La psiquis hace mucho y puede que, dejándote envolver por ellas, sientas una leve brisa refrescante erizándote la piel.

¡Disfrútalas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MI PROPIO HOMENAJE A TI, DANI JARQUE (II)

Martes, 11 de agosto, 8 de la mañana. El gallo de mi despertador canta una y otra vez y me encuentro tan profundamente dormida que no sé ni por qué suena. ¿Por qué he de levantarme tan pronto? Entonces, tu sonrisa regresa hasta mi consciente y salto de la cama rumbo a la ducha. Tras ella, convertida ya en un ser humano, me lanzo sobre este mismo ordenador. Necesito saber las últimas noticias. Dependiendo de que ya hayan repatriado tu cuerpo, continuaré con mi plan o volveré a tumbarme. Afortunadamente lo han conseguido. Antes de las cinco de la mañana tu féretro ya pisaba suelo barcelonés. Ya está todo preparado en nuestro nuevo estadio. Tus familiares, amigos y compañeros no tardarán en llegar para velar tus restos. Yo he de ponerme las pilas si quiero llevar a cabo todo lo ideado.

Martes, 11 de agosto, 9 de la mañana. Tras un café salgo a comprarte los velones y angelitos que vi para ti. También paso por la panadería y me hago con tres bolsas pequeñas de colines de pan. Para una ovovegana como yo, siempre, además, a dieta, no es fácil comer o tomar algo por ahí, así que mejor prevenir. Asimismo consigo unas cartulinas donde mi amor de vidas y yo te escribiremos una dedicatoria. Puede que, algún día, Martina, tu niña, la lea y sonría. O puede, simplemente, que sólo tu espíritu la contemple. En todo caso, deseamos ofrecértela.

Entro en la floristería junto a casa. Está vacía. El empleado me pregunta qué deseo. Le indico que busco un ramo de flores blancas y azules. Sólo le quedan blancas. Escojo margaritas y gerberas. Tienen una emisora de radio catalana como hilo musical. Hablan de ti, de tu capilla ardiente, de tu regreso a España. El chico no dice nada, pero supongo que sabe para quién es el ramo. A cada sugerencia que me hace sobre los lazos con que decorarlo o sobre el celofán en que envolverlo, mi respuesta siempre es la misma: azul y blanco. Como tu corazón y el de decenas de miles de periquitos que hoy tanto te echamos de menos. Finalmente queda precioso y regreso a casa.

Todo comenzó en casa...

Martes, 11 de agosto, 11 de la mañana. Decidimos ir a Cornellá en taxi. No nos encontramos con ánimo como para hacer transbordos de metro, tren y bus. Además, hace un calor tremendo. Me visto con el top negro que porta nuestro escudo españolista dibujado a base de brillantitos de cristal. Tomo la bandera de cuadros blanquiazules que compramos en Glasgow, cuando fuimos con vosotros a la final de la Copa de la UEFA y me la coloco a modo de capa. En la zona de la espalda llevo un crespón negro de luto. Con tu ramo por escudo y con las mochilas conmemorativas de la inauguración del estadio llenas de zumos, agua, frutas, colines, viseras, bufandas y las ofrendas para ti, iniciamos nuestra triste marcha y nos dirigimos a tu encuentro.

Martes, 11 de agosto, mediodía. Ya estamos frente a nuestra preciosa casa perica tras un viaje en taxi un tanto particular, conducidos por un señor de mucha edad que no tenía idea de cómo llegar hasta el estadio y que casi se pega con un joven motorista. No hay demasiada gente todavía. Vamos a tu puerta, la 21. Allí, en estos tres días de luto se ha creado una mayúscula capilla. Socios, aficionados y desconocidos anónimos te han ido dejando velas, camisetas, bufandas, peluches, firmas y toda clase de recuerdos plenos de cariño y emoción, como los que nosotros también te traemos.

 En aquella inmensa playa de recuerdos...

 Éramos un grano de arena más.

No pudo ser. No fui capaz de contenerme. Al avanzar por la rampa de acceso al estadio, parapetada tras tus flores, me derrumbé. Rodeada de otros periquitos que clavaban sus apenados ojos en el ramo blanquiazul, no pude más y las lágrimas comenzaron a derramarse por mis mejillas. Al pasar bajo el 21 de los muros y toparme con toda la magia que otros habían dejado para ti a base de miles de regalos y detalles, las lágrimas aumentaron y con ellas la emoción y el temblor de mis manos y piernas. Ni siquiera podía abrir las mochilas y mucho menos extraer las velas de ellas. Mi amor de vidas, impactado también por todo lo que veían nuestros ojos y sentían nuestras almas, me fue ayudando poco a poco.

Tampoco allí había mucha gente todavía -aún faltaban casi dos horas hasta la apertura de tu velatorio al público- lo que motivó que una gran nube de cámaras de prensa y televisión se medio abalanzasen sobre nosotros cuando nos contemplaron "tan cargados" de cositas para ti. Por unos segundos me acordé de cuando yo me situaba del otro lado de las lentes y un colega cámara se empeñaba una y otra vez en grabarme en cada rueda de prensa. ¡Qué odioso me resultaba entonces! Te lloré. Te lloré durante un rato. Pero se trataba de una emoción contenida, discreta, callada. Como si de un preámbulo de lo que vendría después se tratara.

 

Nos unimos al sentimiento perico a través de nuestra humilde y sentida ofrenda.

Mi amor de vidas me dijo al poco que nos acercáramos hasta la tienda. Quería comprarte un corazón españolista de peluche, como el que tenemos en casa, pero de menor tamaño. Así podríamos ver la nueva boutique periquita e intentaríamos estampar tu nombre y dorsal sobre mi nueva camiseta, además de comprar algún que otro recuerdo.

Al llegar a la tienda, unos carteles sobre los cristales avisaban de que se les habían acabado las cifras de tu 21 para estampar, ante la colosal demanda de tus camisetas. Tan sólo disponían de las letras de tu apellido, así que tendré que esperar a próximas fechas para poder lucir tu número sobre mi espalda.

Siempre presente en nosotros, recordándote con orgullo y cariño.

Una vez comprados un banderín y el corazón volvimos sobre nuestros pasos. En esos breves minutos la llegada de gentes había sido masiva y empezaban a formarse colas de pericos cabizbajos, con las miradas perdidas y el alma maltrecha en un puño de incredulidad, pesar y frío. Porque, aunque el tiempo meteorológico estival nos estuviese regalando un sol demoledor y 30 grados a la sombra, un gélido escalofrío nos recorría por dentro y transformaba nuestras almas en icebergs a la deriva.

De vuelta a tu santuario popular, un fotógrafo se hallaba acuclillado justo frente a nuestro ramo -ya, tuyo-, la dedicatoria, los angelitos y las velas. Esperé a que acabase de inmortalizarlos a través de su enorme teleobjetivo e imité su posición para hacerte entrega de ese pedazo de nuestros corazones que deseamos atesores hasta que nos veamos más allá del arcoiris. Un clic-clic volvió a sonar y una sonrisa compasiva de agradecimiento se creó tras la barba del retratista de instantes. Las lágrimas volvieron a derramárseme. "¡Un aplauso por nuestro Dani Jarque!", gritó con potente voz un anciano a mi vera y el santuario clamó en una sinfonía de palmas orgullosas, dolientes y entregadas.

 

Decidimos comprarte un corazón que representase los trocitos de los que te llevas contigo...

 ¡Y es que te llevas tantos corazones, Dani!

 

¡Tantos que sería imposible contarlos!

¡Tantos como merece nuestro eterno capitán perico!

Pasados unos cuantos minutos, la seguridad del estadio nos fue invitando a salir de tu improvisada capilla, muy amablemente. "Tenemos que cerrar". Faltaba una hora para que se abriese al público tu capilla ardiente. Creo que fue justo en ese espacio de tiempo, en esa hora intermedia cuando tus familiares bajaron a ver por sí mismos todos y cada uno de los elementos traídos por nosotros, los aficionados y socios del RCD Espanyol, como homenaje a tu persona.

Y volvimos afuera, al sol, al calor, a la soledad compartida entre sudores, hielos internos y conversaciones entre desconocidos que, sin embargo, comparten la pasión de defender los mismos colores por los que tú tan bien luchaste, durante los últimos catorce años de tus 26 cortos años de vida.

Las filas de periquitos crecían y crecían a la espera de poder presentarte a ti y a los tuyos nuestros respetos y de intentar suavizar -si esto es posible- el tremendo hachazo asestado en las almas de tus familiares y amigos más íntimos. Por mi parte, lo único que deseaba es plantarme frente a tus restos mortales y en esos breves segundos, darte las gracias e impulsarte a seguir viaje en una nueva existencia, liberándote de los posibles anclajes y lastres que te pudiesen seguir uniendo a esta fase, ya acabada para ti.

Todos los pericos entregados a ti.

Martes, 11 de agosto, 2 de la tarde. Abren las puertas en punto y la cola se mueve muy rápido. En menos de quince minutos traspasamos la puerta 25, la que nos llevará hasta tu capilla ardiente, el lugar jamás escogido, el sitio al que nunca imaginé acudir tan sólo 9 días después de la gran fiesta que supuso el estreno del estadio y tu estreno como capitán sobre el reluciente césped que hoy parecía marchito y ajado.

Todos juntos, los pericos, siempre, orgullosos de ti

Dejamos a la derecha el rincón donde se acumulan decenas de coronas de flores llegadas desde toda España e, incluso, del extranjero. Más allá, le echo una última mirada a tu capillita, nuestra capillita. Como me conozco, llevo en la mano dos pañuelos de papel. No soy de las que se corta un ápice a la hora de mostrar sus sentimientos y me temo que lo más duro está por llegar.

Prisas, carreras y cruces rojas muy apresuradas veo pasar a mi izquierda. Alguien que ya se encuentra muy cerca tuyo ha sufrido una lipotimia. Cesamos nuestro tristísimo paseo para que los sanitarios puedan acceder al lugar lo antes posible. Parece que no es gran cosa porque volvemos a ponernos en marcha. Al poco, contemplo a una señora muy mayor a la que una pareja de su misma quinta abanica, refresca y ayuda a caminar, guiados y asistidos en todo momento por un médico o auxiliar. Todo ha quedado en un susto.

Un nuevo giro y ya vemos el estadio por dentro. Ahí está el rectángulo verde sobre el que tantas alegrías nos diste. Pareciera como si un balón fantasma esperase tu patada, olvidado y ausente de todos. Y desde allí, presidiendo el vacío azul y esmeralda, como el capitán que siempre serás, apareces radiante, con tu preciosa e inmortal sonrisa, mostrándonos, una vez más, el camino a seguir: el de la lucha, el trabajo, la unión, la fe, la entrega y el amor.

 

 Siempre nuestro guía, siempre contigo, siempre con nosotros, nuestro eterno 21.

Un último tramo de escalones y ya, a nuestra izquierda, queda la entrada al lugar donde reposa tu cuerpo mortal. El silencio, como no podía ser de otro modo, es sepulcral. Dos señores controlan la entrada al antepalco presidencial, el sitio que se ha escogido para acogerte a ti y a los tuyos. Vigilan que nadie lleve en las manos una cámara o un móvil con el que pueda romperse vuestra tan merecida intimidad. Me parece perfecto que así sea. Mereces el máximo respeto como para que la prensa más amarilla de todas convierta tu descanso eterno en un patético y vergonzoso circo.

Traspasamos la última puerta antes de tenerte enfrente y mis lágrimas afloran una vez más. El silencio abruma. El silencio sobrecoge. El silencio nos envuelve. Enseguida me doy cuenta de que al fondo, en uno de los laterales, están todos tus compañeros, técnicos y directivos. Tu féretro, situado en el centro, se encuentra colocado mirando hacia nosotros, hacia los aficionados, de forma que tu cuerpo yace perpendicularmente a tus más íntimos. Protegidos por la pared, al otro lado, están tus familiares. No alcanzo a reconocer a tus padres.

Me derrumbo. No puedo ni quiero controlar este maremoto de dolor, sentimientos encontrados, lágrimas y desesperanza que me anega la garganta, los ojos y mis adentros. Me paro y por unos segundos mi mirada se cruza con la de los señores de mediana edad sentados en la primera fila de la izquierda. Me observan rota y empiezan a romperse ellos. Me siento tan aturdida que no reconozco a nadie. Creo que mi amor de vidas me agarra y apoya con el contacto de su mano sobre mi hombro, pero ni siquiera de ello estoy segura.

Decenas de flores y de personas, a través de ellas, te rendimos tributo.

Quieta, hecha un mar de silentes lágrimas, te hablo sin quitar ojo del cajón que, ahora, te sirve de lecho mortuorio. Mi mente te da las gracias por tu amor y entrega a nuestros colores. Mi alma te recuerda que has de continuar tu camino, sintiéndote libre y pletórico por todo el cariño que dejas aquí y te acompañará eternamente. Mi cuerpo desearía permanecer allí mucho más rato, pero sabe que no puede permanecer mucho más frente al tuyo porque son miles los que esperan para despedirse de ti.

De pronto, un anciano pegado a nosotros eleva la voz y mirando a tus excompañeros y entrenadores grita unas frases que aniquilan al silencio y nos estremecen a todos: "Ara hem de lluitar tots junts! Per ell!" (¡Ahora hemos de luchar todos juntos!¡Por él!) Vuelvo a romperme mientras mi cuello gira hacia la derecha y mis ojos se clavan en una joven de pelo rizado y cobrizo sentada en la primera fila del fondo reservado a tus familiares. Pese a vestir de negro por completo y a hallarse sentada, no se me escapa su prominente barriga embarazada. Sollozo y me desgarro al contemplar a tu Jéssica y a esa tripa, refugio y abrazo de vuestra Martina quien, desde el útero de su mamá ha de despedirse de su joven padre sin haberlo, siquiera, podido escudriñar con sus ojitos. Durante unos segundos mi borrosa mirada tropieza con la del joven de barba que me recuerda a ti y que, también de riguroso luto, abraza a Jéssica, en un intento de consuelo.

De nuevo me vuelvo hacia tu quieta presencia frente a nosotros, pero ya noto cómo mis pies empiezan a dar nuevos pasos que me obligarán a marcharme. Les obedezco mientras te dejamos atrás. Un último giro de mi cabeza y un último y mudo susurro para darte ánimos e invitarte a elevarte y dejarnos, cuando todos los rituales de sagrada despedida hayan culminado.

Una vez fuera del antepalco presidencial continúo llorando, sollozo, me abrazo a mi amor de vidas y me deshago en dolor y pena, en nostalgia y pesar. Lloran mujeres y niños. Lloran hombres y ancianos. Lloramos todos porque sabemos que, por por muy vivo que sigas en tu nueva existencia incorpórea y en nuestros corazones, tenemos que despedirnos de ti y eso nos rompe el corazón.

Bajamos las escaleras como zombis, envueltos en un sobrecogedor silencio, sólo roto por incontables e incontenibles lloros y gemidos. En cuanto salimos al exterior, la prensa se lanza sobre nosotros. Hacemos cola frente a los libros de condolencias para dedicarte unas últimas palabras. Han sido catorce los que los periquitos hemos llenado con palabras de cariño dedicadas a ti y a los tuyos. Sigo llorando. Sigo repleta de pena. Sigo sintiendo que hasta el estadio te guarda luto y aparece apagado, triste, desconsolado. Luego, ya a la sombra de nuestra pajarera periquita, nuevos abrazos mientras hundo mis lágrimas sobre el pecho de mi amor de vidas.

Un descanso en un escalón. Callados, mordisqueamos una manzana. En silencio nos bebemos un zumo. Alicaídos, dibujamos un poco. Bueno, dibuja él y yo emborrono. Me comenta si no vi a los dos Ivanes, a Raúl, a Callejón, al Presi, a Mágico, tu representante. Le respondo que vi a todos y a ninguno porque mi estado no me permitió reconocer a nadie, salvo a ti. Sopesamos el quedarnos o irnos. Me tienta la idea de volver a entrar, pero él opina que no, que las despedidas importantes han de llevarse a cabo sólo una vez. Intento convencerle y al final soy yo la convencida. Un paseo más y, sin casi darnos cuenta, nos alejamos en busca de la estación de tren.

Mi amor de vidas decide ir al trabajo, aunque no hacía falta. Me acompaña hasta Plaza España y allí tomo un taxi. Me apeo frente a la puerta del super. He de comprar unas cosas. Está cerrado, falta un cuarto de hora para las cinco. Me siento en un banco a la espera de que abran. Se está bien. Corre una fresca brisa. Tus imágenes continúan ancladas a mi memoria y las evoco una y otra vez. Tres ancianos se unen a mí en el banco. Llegan por separado, pero se conocen. Debo haber usurpado su exclusivo lugar de chalas vespertinas. Me salva el sonido de la valla automática abriéndose, cuando el viejo del bastón no para de mirarme y de intentar entablar conversación. No tengo ánimo para chácharas. Me levanto un tanto molesta y me sumerjo en el recién abierto super.

La cajera mira mi top negro con nuestro escudo de brillantitos. No hay nadie más en la cola, así que se lanza a preguntarme si vengo de Cornellá. Le digo que sí y empezamos un diálogo que gira en torno a ti. Me cuenta que ha llorado mucho y eso que ni ha ido al estadio. ¡Qué penita más grande!, exclama y tiene toda la razón del mundo. Pena es lo que siento dentro desde que supe de tu marcha. La simpática chica me da el pésame, me desea que todo vaya bien e inicio la vuelta a casa, con bolsas repletas de viandas y el alma rebosante de pena. Y todo acaba en casa, como empezó. Abro una de las mochilas y me embuto en la camiseta que ya porta tu nombre. La misma que me pondré cuando acuda al estadio. La misma que luciré cuando te busque sobre la hierba y no pueda encontrarte.

Y todo acaba en casa...

Sin embargo, hay algo que no es cierto. No es verdad que todo haya acabado.

Sé que desde donde te halles, vas a apoyarnos con todas tus fuerzas y nos ayudarás aún más y mejor que cuando vivías con nosotros. Es más, tengo la sensación de que este año y el próximo el Españolito logrará hacer realidad muchos de los sueños que los pericos tenemos. Sé que estarás en cada esquina del campo, en cada grito que lancemos, en cada cántico que nos una, en cada gol que metamos y en cada tanto que evitemos. Sé que te has convertido en leyenda y mito para los que vengan detrás nuestro y que los niños del futuro abrirán mucho sus ojos cuando los viejos de entonces les relatemos las andanzas sobre el césped y fuera de él de nuestro eterno 21. Sé que transformado en un faro inmortal nos ayudarás a saber cómo recuperar a tus compañeros, hoy hundidos en el dolor, la tragedia y la rabia.

Sé todo eso y muchas más cosas que me callo y que ya quedarán entre tú y yo porque, tal y como aseveran una y otra vez los que tanto y tan bien te conocían, tu principal característica fue siempre la humildad. Humildad que te llevaba a apearte del coche con una sonrisa para sacarte una foto con el aficionado de turno que te lo pedía, a atender a los medios, siempre de buena gana, pese a lo nervioso que eso te ponía y a tener bien en el suelo los pies, recordando siempre tus principios y de dónde venías. Ayer, Lotina, el entrenador que te subió definitivamente a la primera plantilla, dijo públicamente que si llegas a saber lo que se iba a montar tras tu muerte, no te hubieras muerto ni de coña y estaba en lo cierto, porque a ti, la fama y ser noticia nunca te gustaron, ni atrajeron. Pero hoy yo tenía que rendirte este pequeño homenaje, Dani, porque así lo sentía y lo siento.

No voy a mentirte, hoy para mí está siendo el día más triste de todos desde que te fuiste. Tal vez empiezo a asimilarlo todo. Quizá me estoy dando realmente cuenta ahora de que ya no podré disfrutar de tu buen hacer sobre el terreno de juego. Sé que el tiempo todo lo aminora, pero también sé que a mi corazón, desde el pasado sábado 8 de agosto, le falta un trocito más. Ese trozo que te acompaña y que te impulsa a elevarte, con cariño, paz y silencios. Silencios imprescindibles para poder escuchar el sonido de tus blanquiazules alas, revoloteando por los azules cielos. Porque es cierto, Daniel: desde hace cuatro días, el cielo es más blanquiazul y más bello.

Te quiero, Dani. Te queremos. Descansa en paz. Disfruta de ti. Aprende, evoluciona, existe, sé tu mismo, cuida de los tuyos, ayúdanos a ser mejores y, sobre todo, recuerda que un día, acaso no muy lejano, nos fundiremos en un abrazo. Un abrazo fraternal, querido Capitán Eterno.

 

 

 

 

 

 

¡NUESTRA NUEVA CASA NOS ENAMORÓ!

Y como lo prometido es deuda, aquí tenéis algunas de las imágenes sacadas el pasado domingo, durante la inauguración oficial de nuestro nuevo estadio periquito, pese a los sudores, a los sarpullidos estivales y a verme más fea que el flaco de los Calatrava esnifando jugo de limón.

Se me ocurren mil y un calificativos para describir nuestro nuevo estadio, pero si me he de quedar con tres, diría que es espectacular, precioso y comodísimo.

La ceremonia de apertura fue muy bonita, entrañable y extremadamente emocionante. ¡Gracias a mis siempre presentes gafas de sol!, que si no mis vecinos de graderío se habrían percatado "ferpectamente" de los chorretones de rimmel por mis mejillas, a causa de los lagrimones derramados.

Pero por si todo lo anterior fuera poco, mis chicos jugaron muy bien y acabamos metiéndole un 3-0 a todo un Liverpool que, además, hizo jugar a sus mejores hombres, quienes no se andaron con chiquitas y se hartaron de pegarnos patadas y de hacer faltas a diestro y siniestro. Asimismo, para no perder la costumbre, el arbitraje fue pésimo. Hasta tal punto que se le anuló un claro gol a Raúl Tamudo, achacándole un fuera de juego inexistente que sólo vio el cegato trío arbitral.

Eso sí, que se pongan las pilas los veteranos porque los chiquirritines segundones vienen pisando muy fuerte. De hecho, la segunda parte del partido, en que jugaron la mayor parte de suplentes, fue mejor, tuvo mayor ritmo y mostró una conexión entre líneas mucho más profunda y segura que la que se pudo ver durante los primeros 45 minutos.

Por no faltar no faltó ni un precioso periquito que alguien soltó en mitad del encuentro y que, sorteando patadas y balonazos, atravesó todo el campo hasta posarse, pegadito a la raya de cal, frente a los pies de mi adorado Mauricio Pochettino. Poche se agachó y lo tomó con una dulzura tremenda, para entregárselo al delegado de campo, quien espero lo haya puesto a buen recaudo.

Pero bueno, no os mareo más, que ya habrá tiempo para ello cuando comience la Liga dentro de tres semanitas. ¡Qué mono!

Sólo apostillar que si nuesta nueva casa blanquiazul ya es increíble de día, la iluminación nocturna la transforma en un espectáculo digno de ser disfrutado en vivo y en directo. Así que recuerda: si te toca cerca, ya estás tardando para ir a hacernos una visita.

¡Serás bienvenido/a!

VIsca l´Espanyol per sempre!